Sí. Escribe nuestro escritor tolimense William Ospina en El Espectador el pasado domingo en una columna titulada “Atados de pies y manos” (a Ospina lo tuvimos en la primera Feria del Libro de Valledupar FELVA en interesantes conferencias) que “Gustavo Petro siente tanta lástima de que a sus colombianos les toque viajar esposados cuando los deportan, que los obliga a hacer el mismo viaje tres veces. Pero es que a muchos presidentes de América Latina no les duelen los maltratos que hacen que la gente se vaya de sus países: les duelen los maltratos con que se los devuelven.
“Hace ya mucho tiempo este continente se acostumbró a expulsar a sus nacionales para que busquen su futuro en Estados Unidos o en Europa, y no nos avergüenza reconocer que una de nuestras fuentes de subsistencia es el trabajo de esos hermanos en la soledad del exilio. Pronunciamos la palabra remesas y ya no pensamos en la realidad amarga que las produce: solo revisamos la tasa de cambio”.
Es la cruda realidad que nos agobia y que miramos para el lado, para no encararla en toda su gravedad. Es más fácil culpar de los maltratos a los otros.
Pues en estos países latinoamericanos las cosas son muy sufridas y la gente piensa en irse; y en Colombia en los últimos meses tenemos un polvorín de pólvora, dolor y sufrimiento que también nos lacera. En fin, la gente trata de huir de su situación de desesperanza.
Continúa Ospina: “A Petro, y a otros presidentes, se les llena la boca diciendo que los deportados serán bienvenidos, que tienen una patria, pero todos sabemos que es una farsa, que aquí no hay trabajo ni siquiera para los que se quedaron.
“El responsable de la crisis migratoria que hoy estremece al continente son los gobiernos que nunca se esforzaron por construir en Latinoamérica países productivos modernos.
“Sabemos que en cuarenta años la China ha logrado un asombroso milagro económico y técnico, pero no se nos ocurre que América Latina podría tener mejores condiciones que China para convertirse en una economía poderosa. Con el doble de la superficie de China, con menos de la mitad de su población, América Latina tiene diez veces más reservas de agua que China, mayor biodiversidad que el resto del planeta, y una cultura creativa que no se aprovecha.
“El único que entendió en su tiempo que este continente podía ser un faro para el mundo fue Simón Bolívar, pero una legión de chafarotes de aldea conspiró contra él en defensa de pequeños intereses, y lo sigue haciendo.
“Y el (otro) responsable de esta crisis migratoria es precisamente Estados Unidos, que desde el comienzo procuró beneficiarse de sus vecinos, y que con su poder, sus ventajas y su buena suerte fue sometiendo al continente a su control.
“Les resultó excelente tener en los países subordinados gobiernos que no se preocuparan por su mercado interno y que no sintieran el deber de engrandecer a su propia gente; de modo que los alentaron a producir solo lo que el gran país necesitaba. Así fueron naciendo las repúblicas bananeras, las petroleras, las ganaderas, las azucareras, las cafeteras, las auríferas, las madereras, las cocaleras. De producir los bienes industriales y los avances tecnológicos se encargarían ellos (…).
“Necesitaban oro: extrajimos el oro; necesitaban petróleo: excavamos petróleo; necesitaban banano: cortamos banano; necesitaban carne: destinamos a los hatos ganaderos toda la tierra cultivable. Si solo nos compraban café solo produciamos café. Que no se nos ocurriera producir lo que ellos ya producían…”.
Citamos esas palabras porque al ver los niveles de pobreza y desesperación, en especial en nuestra tierra guajira, sumida actualmente en el caos, los bloqueos viales y la confusión, nos ponemos las manos en el corazón. ¿Qué más podemos pedirle a la gente, que se quede en la región, en el país o que busque cualquier otro horizonte?