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Vida productiva

“…Pero la raíz de los justos no será removida”. Proverbios 12, 3. ¿Estamos logrando todo lo que debemos lograr? ¿Qué estamos haciendo para lograr tener una vida productiva? Productividad viene de producto, de beneficio, de ganancia, de fruto; la mayor prueba de que somos discípulos es que producimos fruto. Dios quiere que produzcamos fruto, más fruto, mucho fruto, fruto permanente. Él quiere que seamos productivos. Si queremos ser fructíferos, hay dos cosas que debemos hacer: Primero, debemos cuidar y cultivar nuestras raíces. Cuando ponemos nuestra confianza en Dios, “seremos como árboles plantados junto a las aguas, que junto con la corriente echará sus raíces. No teme al calor, sus hojas están siempre verdes y en la sequía no se inquieta ni deja de dar fruto”.

Necesitamos raíces para pasar los tiempos difíciles, la sequía y el calor. La raíz es la fuente de sustento para alimentar todo el árbol. Cuando sentimos el calor de la vida, tiempos de presión, enfermedad o escasez, necesitamos raíces profundas en las verdades eternas de la Palabra de Dios, necesitamos confiar en sus promesas.

Tal vez, en estos momentos estemos pasando por una sequía. Quizás, lo estemos haciendo sin tener apoyo emocional, sin amigos, sin salud, sin trabajo o sin estabilidad financiera. O estemos tratando de sobrevivir con límites, en el tiempo, energía o dinero. ¿Cómo controlamos las temporadas de sequía en la vida? Podemos sobrevivir a un día de sequía, pero hacerlo durante un largo tiempo, nos produce angustia, desolación y desesperanza.

¿Cómo se cultivan las raíces? El Salmo uno, habla acerca de la vida estable, la vida que tiene raíces, reconoce que las raíces se afianzan al leer y meditar en la Palabra de Dios. “En la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”.

Lo segundo que debemos hacer para ser productivos es eliminar la hierba mala en nuestras vidas. En la parábola del sembrador, Jesús enseñó sobre la semilla que cayó entre espinos, que son los que oyen, pero luego se van y son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida y no llevan fruto.

Amados amigos: ¿Cuáles son las hierbas malas en su vida? Si nos descuidamos, hay muchos tipos de hierbas malas que pueden crecer en nuestras vidas y ahogar la vitalidad espiritual. Las preocupaciones e intereses que agotan nuestro tiempo. Las decisiones apresuradas y sin planeación que nos impiden producir fruto espiritual apacible.

Otras muchas cosas en nuestras vidas no son erróneas, pero tampoco son indispensables.

Jesús mencionó tres variedades de hierba mala: La preocupación, las riquezas y el placer. Las podemos resumir en las conocidas tres efes: Fortuna, fama y faldas. Lo más alarmante es que la hierba mala crece sin esfuerzos y cuidados. Como la verdolaga, se extienden por su propia cuenta sin ayuda de nadie.

Las hierbas malas son señal de negligencia y cuando nos descuidamos en las disciplinas espirituales del estudio bíblico, la oración y el compañerismo con otros, esta crece y ahoga la vida espiritual, impidiéndonos producir fruto.
Comencemos hoy por cultivar raíces profundas, invirtiendo tiempo a diario en la Palabra de Dios. Luego, eliminemos la hierba mala que consume nuestro tiempo y energía, cortemos con todo aquello que nos distrae de hacer la voluntad de Dios cada día. Si vamos a producir fruto, tenemos que profundizar y cultivar nuestras raíces y eliminar las hierbas malas de nuestras vidas.

¡Nunca es demasiado tarde para comenzar! Podemos comenzar ahora mismo: Incline su rostro para orar y dígale a Dios que quiere vivir una vida productiva y disfrutar de su plan maravilloso.

Un abrazo y muchas bendiciones productivas.

Por Valerio Mejía Araujo

 

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