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Vías de cuarta generación, nuevas esperanzas

Desde esta columna registramos complacidos el ingreso de nuestro país a la era moderna de las concesiones de Cuarta Generación con una inversion en infraestructura de 50 billones de pesos. Esta es una decisión madura y sin antecedentes en nuestro país, enmarcada en el concepto de amortizaciones graduales, premios y castigos solo si las firmas mantienen su calidad en el tiempo y si reducen las cifras de mortalidad.

Esto es un nuevo concepto en materia vial con el liderazgo y gestión del Vicepresidente de la República y con el acompañamiento del Ministerio de Transporte, la Agencia Nacional de Infraesctructura y el Invías. La firma de los cinco primeros contratos, con una inversión de 6 billones de pesos, impactarán una buena parte del país especialmente con los Corredores del Pacífico 1, 2, y 3, con las vías Girardot- Puerto Salgar y Barranquilla – Cartagena.

Los cambios mencionados solo son posibles por la nueva ley de infraestructura, el estatuto anticorrupción y por la regulación de las asociaciones públicas–privadas. Además, tenemos una institucionalidad fortalecida que ya cuenta con el dinero reservado en las arcas del Banco de la República. En esta oportunidad, tenemos razones para pensar diferente porque los contratistas no van a trabajar con anticipos del Estado y deben apalancar sus propios créditos, pero cuando más pronto terminen las obras, comenzarán a recibir el retorno de sus inversiones.

Estan son las obras para la competitividad que favorecerán la economía del país por la reducción de los tiempos de viaje, disminución de los fletes y costos, diseños más seguros, mejores señalizaciones, grandes túneles, iluminación moderna y la mayoría de doble calzada. En mi opinión, estos proyectos están muy bien enfocados con criterios de últimas tecnología, totalmente financiados en el marco de una inversión total de 50 billones de pesos.

Estas iniciativas solo tienen una nube gris en el tiempo de perfeccionamiento de los contratos, las licencias ambientales y el cierre financiero que se pueden convertir en escollos, subsanables en el corto plazo, con el gran objetivo que todo este conjunto de obras se entregue en los proximo cuatro años.

Realmente, los proyectos requieren un cambio de actitud, un pensar en grande y en una oportunidad para que la ingeniería colombiana trascienda y se consolide en nuestro país, que es tierra fértil para producir ingenieros recursivos, proactivos y pensantes.

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