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Urge la construcción de un capital social

Cuando revisamos la historia de lo que era Barranquilla hace tres décadas creo que nadie puede ser indiferente a la transformación que sufrió esta ciudad en este periodo, e imposible negar en lo que se ha convertido hoy pues son hechos muy recientes.

Para entonces la situación de la Universidad del Atlántico y sus interminables paros, el estado de abandono y destrucción de su infraestructura vial, el problema de su transporte masivo, los interminables problemas de servicios públicos con la triple A (AAA), su estancamiento en crecimiento y por supuesto el evento que identificaba a Barranquilla después de su Carnaval, los arroyos; son la muestra de todo lo que han superado como ciudad; sin embargo habría que preguntarse: ¿Qué los llevó a ese estado de postración y de abandono? Y por supuesto: ¿Cómo salieron de ella? La respuesta debemos buscarla en los liderazgos que en ese momento conducían los destinos de la ciudad y del departamento.

Los mandatarios que pasaron por la administración del distrito en esa época, algunos de muy ingrata recordación, la puja por el poder de las cuatro familias por el botín presupuestal y la repartija de la burocracia, llevaron al atraso que ya mencioné pues dicha pelea alcanzó tales niveles de corrupción que no requieren ser recordados nuevamente en estas líneas; el hecho es que esta cultura permeó todos los estamentos, no solo gubernamentales sino a nivel de gremios y organizaciones que operaban al margen de los gobiernos distritales y departamentales, ejemplo, la caja de compensación, la Cámara de Comercio, Fenalco, la Universidad del Atlántico. la Corporación Autónoma Regional y todos aquellos espacios que hacen parte de las estructuras de poder regionales.

Cuando la situación estaba tocando fondo, la sociedad empezó a organizarse, a construir un pensamiento de no más, a promover espacios de construcción de propuestas de cogobierno que permitiera no solo hacer control a sus mandatarios, sino a construir un modelo de desarrollo local que les permitiera además de remar para el mismo lado, cambiar todo el liderazgo de la ciudad, el resultado, está a la vista.

Hoy, Valledupar transita por ese mismo sendero, está tocando fondo, el liderazgo político, gremial, la academia, la sociedad en general está totalmente desconectada de la realidad, y la comunicación social no existe, tres familias se disputan los cargos de elección popular y los espacios de participación son absolutamente cerrados a tal punto que se convirtió en un discurso común y parte del paisaje que esos espacios son de fulano o de sutano, “..es que la Universidad Popular es de fulanito, Corpocesar es de sutanita, es que ICBF es de perensejito, el SENA de menganejito y ya están definidas las curules para Congreso y los candidatos para Alcaldía y Gobernación para 2023 son sutanejo y menganejo”. ¿Es en serio? ¿Y la sociedad dónde queda?

La ciudad se descompuso socialmente, la cultura del atajo, de la corronchería, la falta de una visión macro de su liderazgo social y político, el egoísmo de quienes ostentan el poder, llegaron para quedarse, nos están convirtiendo en una ciudad que solo se ve en las series de televisión del Africa meridional o del Asia pobre; caos, calles sucias, desigualdad y pésima calidad de vida, y lo más triste es que nos estamos acostumbrando a esa realidad y peor aún, la estamos aceptando pasivamente.

Creo que llegó la hora de un pare y empezar a formar una masa social que exija y promueva el relevo de quienes hoy ostentan los liderazgos, es inaplazable el relevo y reemplazo de las actuales empresas y microempresas electorales, por verdaderos movimientos y partidos que entiendan que la ciudad va a cambiar cuando cambie su estructura social, porque es de ahí de donde salen mandatarios que le ponen mármol a una plaza o mandatarios que juegan a ser líderes cuando aún no ha sido destetados de sus respectivas mamás.

Empecemos por lo básico, pongámonos de acuerdo en lo que nos es común como sociedad y nos afecte a todos y los puntos de divergencia los conversamos cuando estemos lo suficientemente maduros para abordarlos, pero urge actuar sobre lo básico.

Atrevámonos.

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Eloy Gutiérrez Anaya: