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Una tarea por hacer

BITÁCORA  

Por: Oscar Ariza

El objetivo principal de la educación es formar hombres y mujeres de bien desde una dimensión académica, de valores éticos y espirituales en la que puedan ser útiles a la sociedad.

La crisis por la ausencia de valores positivos en el hogar, colegio, barrio y ciudad entre otros contextos, ha desencadenado una cultura de la indiferencia hacia lo normativo, un desconocimiento casi total de la autoridad, de la necesidad de instaurar buenas relaciones y del respeto por la diferencia.

Nuestra sociedad está viviendo una cultura de la intolerancia en donde la violencia está produciendo sendos cambios en nuestra manera de percibir la realidad. Los índices de violencia intrafamiliar se han disparado, colegios cada día reflejan más problemas asociados a la cultura del matoneo o bullyng, en los barrios y comunas hay tendencia a la formación de bandas delincuenciales con base en acuerdos tribales que por encima del núcleo familiar las hacen unificar como tribu urbana.

Esa carencia de valores debe llevar a replantear desde las administraciones municipales y departamentales, concretamente desde las Secretarías de Educación, el modelo de formación integral educativo, que ha terminado apuntando más a la instrucción que a la formación académica y de valores. Para esto, debemos reconfigurar nuestro modelo educativo desde la urbanidad y el civismo, de tal manera que proponga otra manera de vivir desde la responsabilidad social que a cada individuo le atañe en relación con el entorno donde se desenvuelve, en donde valores como la autoestima, tolerancia, responsabilidad, honradez, respeto a la diferencia, puntualidad, cortesía, respeto a las autoridades, el buen hablar y la civilidad sean los elementos que todo ciudadano moderno requiere para nuestra sociedad.

La sana convivencia, a través de la buena comunicación, es quizás el mayor propósito que todo ser humano busca para mejorar sus relaciones con familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio y trabajo, jefes, incluso sobre desconocidos que comparten un mismo espacio llámese barrio, pueblo o ciudad. Para esto, existen las reglas de convivencia reguladas por la urbanidad y el civismo que buscan la aplicación de los buenos modales y el mantenimiento del orden a través del respeto por las normas y las autoridades.

Así como hace algunos años, desde la Asamblea Departamental se defendió con ahínco la inclusión de la cátedra de música vallenata como parte del pensum en los colegios del Cesar, con el fin de mantener y fomentar la tradición cultural vallenata, hoy se hace vital que los diputados del Departamento del Cesar y los Concejales de Valledupar, por ser éste un municipio certificado en materia educativa, propongan la creación y reglamentación de la cátedra obligatoria de urbanidad en los colegios de todo el departamento y de esta ciudad, para que haya un trabajo de recuperación de los valores en forma seria, comprometida y vigilada desde los gobiernos municipal y departamental, en sinergia con la familia, los colegios y los medios de comunicación, para que se recupere el respeto por la vida, por las autoridades, las normas de tránsito, los buenos modales, el respeto por la dignidad de la mujer, las normas de cortesía, por el medio ambiente y el autoestima, entre otros valores.

Necesitamos que los gobiernos tomen como reto educativo, la responsabilidad de devolverle a la sociedad, especialmente a los jóvenes, los valores positivos tan olvidados en estos tiempos de modernidad, en la que la desnuclearización de la sociedad está llevando a que se proponga un modelo de individualismo en donde los hombres han terminado siendo presos de su egoísmo, desestimando la solidaridad, el respeto y los buenos modales por creer que son signos de debilidad.

Es urgente que nuestros legisladores locales y regionales, los gobernantes y  demás autoridades, entiendan que la cátedra de Urbanidad y Civismo ayudará a combatir el individualismo, la anomia, la ausencia de pertenencia, la indiferencia, la apatía y la falta de responsabilidad social. Necesitamos que así como proponen ordenanzas y acuerdos para defender el folclor o el fútbol, nuestros legisladores en sentido formal y material, se comprometan con el cambio y desarrollo, a través de la recuperación del tejido social con base en valores regulados por la urbanidad, el civismo y las buenas costumbres.

arizadaza@hotmail.com    @Oscararizadaza

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