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Un simple decreto

Por Hernan Araujo Ariza

La semana anterior, nos enteramos de uno más de los tantos anuncios que esta administración municipal -en cabeza de su alcalde- ha hecho para la ciudad. En este caso, fuimos notificados de la implementación del toque de queda para menores de edad; una medida que se adoptaría de manera provisional por la temporada de vacaciones, a partir de las 11 de la noche.

Me surgió entonces la pregunta de cuál problema se resolvía con esa medida de choque.

Se argumenta que hay una alta tasa de menores infractores, donde se destaca el hurto como la principal infracción de los jóvenes. Sin embargo, en Valledupar los robos se ejecutan por igual, desde las 6 AM, al medio día, o luego de las 6 PM, cuando termina la jornada laboral. Seguro que después de 11 PM también ocurren estos delitos, pero me temo que el grueso de ellos está ocurriendo a plena luz del día.

Unos dicen que se disminuirán los accidentes de tránsito. Me surgen unas dudas que la poca sustentación de la medida, no me las aclara: ¿En cuántos de los accidentes donde hay licor de por medio, están involucrados los menores de edad? ¿Son la mayoría estos casos? ¿Cuántos de estos sucesos ocurren entre las 11 PM y las 7 AM?

Otros sostienen, que el problema a combatir es la drogadicción. Antes que RCN hiciera el reciente informe especial sobre las ‘ollas’ en Valledupar; en el Concejo Municipal, en junio de 2012, se hizo un debate donde se demostró con fotos –frente al entonces secretario de gobierno, Carlos Felipe Quintero y al Coronel de la Policía, Juan Pablo Guerrero- que las drogas en la ciudad, se venden en la puerta de los colegios. Entonces, ¿necesitan los jóvenes drogadictos esperar la madrugada para proveerse?

El mismo alcalde explicaba textualmente la necesidad de la medida “para evitar más suicidios de jóvenes en Valledupar”. Sin embargo, en lo que va corrido de 2013, hemos tenido 12 víctimas y -aunque lamentables todas- sólo 2 han sido menores de edad. Por lo que evidentemente NO estamos ante una oleada de suicidio juvenil. Ahora, si estuviéramos en ese escenario hipotético, ¿no es acaso más fácil materializar el suicidio en la casa, durante el día, mientras los padres trabajan?

Surge otra pregunta: ¿realmente tenemos la capacidad operativa para hacer cumplir la medida? Porque la Policía, bien ocupada está, cubriendo bandas criminales, extorsión, atracos y demás frentes; como para ahora ponerlos a andar revisando cédulas y tarjetas de identidad.

Y lo que más preocupa es que con decisiones como éstas -que no se ejecutan tan fácil como se adoptan- se mina la contundencia que debe tener el ejercicio de la autoridad.

Esta medida entonces, además de muy poco creativa, no resuelve ninguno de los problemas que hoy tiene Valledupar. Por tanto, es innecesaria y desgastante. Me rehúso a aceptar, que quienes están al frente de lo público -en pleno siglo XXI- sigan contemplando soluciones prohibitivas de las libertades ciudadanas, como en épocas pretéritas de mediados del siglo anterior.

Con medidas restrictivas como estas, no vamos a transformar a ningún joven. Confío más en la ‘rentabilidad’ social de una oferta amplia de alternativas sanas para divertirse. Proyección de cine en los parques, ciclovías nocturnas permanentes los fines de semana, así como otras ideas y programas que nos permitan ahí sí, disputarnos con el billar y los estancos, la preferencia de los menores de edad. Seguro lograremos por esa vía, más que con la firma de un simple decreto.

O es que pretenden arrastrarnos siempre a importar soluciones sin sustento, con el trivial argumento de que en otras ciudades ha funcionado.

 

Twitter: @pipearaujoariza

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