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Torrente de agua

“Dios abrió una brecha entre mis enemigos por mi mano, como un torrente de agua”. 1 Cro 14,11.

El rey David se enfrentaba contra un numeroso ejército filisteo, Dios le prometió entregarlos en su mano y fue así como tuvieron una gran victoria, llamando a aquel lugar Baal-perazim que significa el Dios que rompe, que abre brecha.

Hago una actualización de este pasaje para creer que la bondad de Dios vendrá también como un torrente de agua que rompa y abra brecha en nuestras vidas. Vendrá en forma de una nueva oportunidad, una sanidad o un nuevo avance. Estemos listos para ver la sobreabundante grandeza del favor de Dios que nos catapultará más allá de los límites normales; lanzándonos a niveles que nunca podríamos haber alcanzado por nosotros mismos.

Necesitamos prepararnos elevando nuestras expectativas, sacudiéndonos la duda, la negatividad, los desengaños, la autocompasión, los sueños frustrados, las pequeñas metas y hacer espacio para el aluvión de la bondad de Dios.

El profeta Isaías utiliza una figura hermosa cuando dice que el Señor viene “como un torrente encajonado, impulsado por el soplo de Yahvé”. Creo que cada uno de nosotros debe tener su propio Baal-perazim, que pueda recordar que fue allí donde Dios se manifestó como torrente de agua impetuosa, donde Dios rompió y abrió brecha e hizo cosas increíbles. Fue allí donde nos sanó, nos ascendió, nos protegió. Fue ese el lugar del cual podemos decir: “¡El Dios poderoso actuó allí!

Por otro lado, observemos que el torrente no es un goteo, sino una creciente, una avalancha y casi siempre llega de repente. Si lo aplicamos, tenemos que decir que de repente las cosas cambiarán a favor nuestro. De repente obtendremos el avance que necesitamos y la salud cambiará. De repente se abrirán nuevas puertas y resolveremos nuestros problemas. Dios es especialista en hacer las cosas de repente. Fue así, de repente, como el Espíritu Santo fue derramado sobre toda carne. Fue de repente cuando una intensa luz del cielo rodeó a Pablo camino de Damasco en su conversión. Fue de repente cuando un terremoto sacudió la cárcel de Filipos para liberar a Pablo y Silas.

Amado amigo lector, puede que sea hoy, quizá mañana, la semana próxima, el siguiente mes, pero de algo debemos estar ciertos: ¡De repente, las cosas cambiarán a nuestro favor! Dios sigue soplando sobre nuestras circunstancias y su favor vendrá como un torrente impetuoso. Por supuesto, comprometámonos a creer. Somos tentados a pensar que algo no funcionará o será imposible de lograr o es muy pequeño; conformándonos, porque creemos que hemos llegado al límite.

Hoy les animo a ensanchar nuestra visión, a no tener una mentalidad pequeña, a no limitar a Dios, a no pensar en términos de goteo cuando Dios tiene un torrente de bendiciones para entregarnos. ¡Si somos capaces de pensar en grande, Dios actuará en grande! Estamos acostumbrados a aceptar cosas en nuestras vidas que son mucho menores que lo mejor que Dios quiere darnos; a vivir una vida de sequía y limitaciones; pero ha llegado el tiempo de la visitación y el favor, El Señor viene no con gotero, sino como torrente, con una inundación de su favor y una oleada de su bondad. ¡Liberemos nuestra fe!

¿Puede ponerse de acuerdo conmigo y recibir en su espíritu esto? Es fácil pensar: ¡Esto no es para mí! No veo diferencia, lo he intentado antes y no funciona, he soportado demasiado. La verdadera batalla se libra en nuestros pensamientos. Si pensamos que no sucederá, que hemos cometido muchos errores, que nunca lograremos nuestros sueños, estamos poniendo el palo en la rueda e impidiendo el fluir de ese torrente. Por el contrario, prepárese para recibir el favor de Dios y confíe que Dios viene como un torrente de gozo, de sanidad y de misericordia. Póngase de acuerdo con Dios y Prepárese para el aluvión de favor de Dios sobre su vida y sus cosas. Abrazos y muchas bendiciones en Cristo.

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