X

Siga, la paz está servida

En más de cincuenta años con uso de razón, este es el viernes más feliz y más optimista que he vivido, se observa un nuevo panorama al frente; las nuevas generaciones tienen ahora otra alternativa, una Colombia distinta a la que vivimos en el siglo XX, les auguro una vida mejor a mis hijos y nietos, Dios quiera que no desperdiciemos la oportunidad que se nos presenta de tener una patria prospera y pujante, en donde todos o por lo menos la gran mayoría de colombianos hagamos causa común y tiremos las cuerdas para un mismo lado.

No sé cuántos gobiernos y cuantos fueron los intentos infructuosos para suscribir un acuerdo de paz con la guerrilla más antigua del mundo, pero hoy podemos decir que se ve una luz al final del túnel o lo que algunos llaman “cesó la horrible noche” yo prefiero emplear la frase con la que título esta columna, como cuando mi mamá me llamaba a la mesa dándome la oportunidad de saciar el hambre de ese momento.

Ignoro si los colombianos haremos buen uso del balón que el Gobierno actual y las Farc- EP han depositado en nuestra cancha, para emplear un aforismo deportivo; o por el contrario nos haremos autogoles, como algunos pretenden, enarbolando las banderas del sueño de una derrota militar y no un fin del conflicto negociado como fue el que se logró.

A mi juicio el escenario es inmejorable, porque la institucionalidad nacional no solo logró llevar a la mesa a los insurgentes más beligerantes, recalcitrantes y persistentes de que Colombia haya tenido noticia; sino también, obtener el respaldo unánime de la comunidad internacional en el mismo propósito, lo que no es un triunfo de poca monta y a mi real saber y entender le otorga el mayor valor agregado al acuerdo que se ha anunciado al mundo.

Hace seis años, cuando fueron radicados los proyectos de Ley de restitución de tierras y de víctimas se dieron los primeros pasos para los frutos que hoy estamos recogiendo, pero en esas épocas, ni los más optimistas veíamos el horizonte que hoy se nos despeja ante nuestros ojos y los escépticos solo pensaban en el otro ridículo que haría el gobierno de turno ante la comunidad.

Si desaprovechamos esta oportunidad única e irrepetible de tener una paz servida en la mesa, con la anuencia y apoyo del mundo entero, habremos dilapidado el tesoro incalculable de un mañana prospero con una paz estable y duradera que nos conduzca al tan anhelado progreso y no me da pena decir que no puedo cerrar estas líneas sin agradecer a quien con su obstinación y perseverancia nos tiene ad portas de una nueva vida y le apostó todo su capital a este logro, el señor Juan Manuel Santos Calderón.

Categories: Columnista
Jorge_Nain: