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¿Será posible la emancipación humana?

Este ha sido, y sigue siéndolo, el gran reto de la humanidad, desde sus orígenes oscuros. ¿Lo ha logrado en la modernidad? Apenas a trechos.  El reto sigue ahí, de cuerpo presente, en todos los órdenes existenciales. 

Demos por sentado que el hombre  científico, tecnológico y técnico ha superado las luchas  primitivas contra las fuerzas  de la naturaleza, que lo subyugaban inmisericordemente; sin embargo, la superación no ha sido del todo, y por tanto, esa realidad la podemos parangonar con dos mitos de la arcaica imaginación griega, el de Sísifo, que narra una de los pulsos iniciales entre los dioses y los hombres, en busca estos de su emancipación primigenia: Sísifo lleva una piedra hasta la altura, pero ella vuelve a despeñarse enésima. 

Otro mito significativo al respecto es el de Prometeo Encadenado: le roba el fuego de la sabiduría a los dioses y estos lo castigan con la picadura diaria e infinita de su hígado por parte de un águila. 

Dejando atrás el pasado remoto de la dependencia humana de los dioses y pasando de él a la de los simples mortales con poder, no menos temerarios,  hemos de enfrentarnos a estos con resolución en procura de nuestra libertad individual. 

El siglo xx que se iniciaba con renovadas esperanzas de progreso civilizatorio, fue, no obstante, enrostrado por políticos absolutistas que rápidamente nos condujeron a las dos guerras mundiales y a la guerra civil española, nunca bien lamentadas y lamentables, y con ellas, nuevamente, ocurrió el naufragio liberticida.

Porque fue la política estalinista, triunfadora, y sus secuaces,  por doquier, especialmente en los países subdesarrollados, quienes insuflaron la manía de la estatización burocrática con lo cual, otra vez, las libertades ciudadanas han desmerecido, ante un estado omnipotente, omnisciente y omnipresente,  es decir:  un soberano absoluto. 

Esta tragedia humana, ya no solo, comedia humana, se ha expresado en la literatura de todos los tiempos que hace causa común para la defensa de los derechos humanos fundamentales,  encabezados por el de la libertad. 

Por ejemplo, el escritor y activista político, inicialmente de la izquierda y posteriormente renegado, el inglés George Orwell (1903–1950 ) —  caso parecido referente al del escritor peruano Álvaro Mario Vargas Llosa (1936 ), contado en su magnífico libro, La llamada de la Tribu–, aquel escribió el evocativo libro ‘Rebelión en la Granja’, los animales de la granja se sublevan contra su feroz granjero, pero terminan bajo la dictadura del cerdo y de los cerdos. Escribe también,  1984: ‘La literatura del miedo’,  obra cumbre de su pensamiento político. 

En esta, caracteriza el horror de una sociedad civil, que deja de ser gobernada por los  estatutos que salvaguardan  las libertades humanas y se somete a la férula de un gobierno de  instituciones estatizantes.

El gobernante real es un ventrílocuo macabro que usa una neolengua estereotipada con la cual engaña 

permanentemente a sus fieles seculares, ofreciéndoles paraísos falsarios. En en este último libro ‘El gobierno’, se autodenomina ‘El Gran Hermano’ y está acompañado por una férrea estructura policial  piramidal, por las principales instituciones llamadas, ‘El Ministerio de la Verdad’, ‘La Policía del Pensamiento’, ‘El Departamento de la Novela’, ‘El Departamento de 

Vaporización’ ( léase,  fagocitación) . En tal estado absolutista, los mayores delitos son,  el crimental y la traición;  la mayor emoción es, el odio;  la mayor diversión es,  el canturreo a la fraternidad, y los mejores sloganes son, ‘La guerra es la paz’; ‘La libertad es la esclavitud’, ´La ignorancia es la fuerza’. Desde el Cerro Murillo tutelar de Valledupar. rodrigolopezbarros@hotmail.com 

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