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Seguridad & eternidad

“Señor, roca mía y castillo mío, mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”. Salmos 18:2.

Nos enfrentamos a dos grandes conceptos, que no pueden existir el uno sin el otro: el de seguridad y el de eternidad. El primero nos da la idea de algo exento de riesgo, firme, que no falla o que ofrece confianza. El segundo, describe aquello que no posee final, es inmortal, no tiene límites, es infinito. La clave para sentirse seguro y confiado en la vida, es depender de las cosas eternas, no temporales. Es poner la mirada en las cosas de arriba y no en las de la tierra.

La mayoría de las veces en las que nos sentimos inseguros es porque dependemos de las cosas temporales, las cuales no tienen poder ni autoridad para producir cambios. Son muchas las veces que confiamos en el poder de las relaciones o en el dinero y los recursos para sentirnos seguros en lo material en lugar de confiar en las promesas de Dios para suplir todas nuestras necesidades. No os angustiéis por vuestra vida, ¿no es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?

El Evangelio nos exhorta a no hacernos tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen y donde ladrones entran y hurtan; sino a hacernos tesoros en el cielo, porque donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón. 

Creo que Dios está sacudiendo los fundamentos del mundo: Aumentan los desastres naturales, se derrumban los reinos, se recomponen las fronteras políticas e ideológicas y la anarquía reina. La Escritura nos advierte que tales condiciones precederán a la segunda venida de Cristo. Esto en vez de alarmarnos, debe entusiasmarnos, puesto que será el día de pago para quienes han almacenado tesoros en el cielo.

Queridos amigos: la seguridad viene solamente cuando anclo mi vida a la eternidad. Jesús afirmó que estamos en el hueco de su mano y nadie nos puede arrebatar de la mano de su Padre. Pablo, declaró que nada puede separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Cuando depositemos nuestra confianza en los valores y las relaciones temporales, estaremos sujetos a inseguridad porque estas están sujetas al fracaso y pueden perderse. Mientras que si nos adherimos con firmeza a los valores y relaciones del Reino estaremos sembrando y proyectando para la eternidad. El desafío consiste en despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia y correr con paciencia la carrera que tenemos por delante, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.

Mi oración a Dios es que podamos aprender a confiar en los valores eternos de su Palabra para poder recibir la paz y la seguridad que reciben los que le honran. Un fuerte abrazo y muchas bendiciones.

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