Se necesitan más ‘Caleños’ en Valledupar

Compartimos la tristeza que embarga a muchas comunidades de Valledupar por el fallecimiento este martes de Carlos Liñán Porto, más conocido como ‘El Caleño’, a quien también lo identificaban por la frase que utilizaba al iniciar o cerrar una participación en los distintos medios de comunicación o por su famoso alto parlante ambulante: “Shalom Shalom”.

Tras su muerte, son muchas las voces de lamento y solidaridad que se han escuchado en Valledupar, miles de manifestaciones que coinciden en afirmar que ‘El Caleño’, sin ser oriundo de esta capital, durante los muchos años radicado en ella, demostró ser un activo ciudadano cívico en defensa de todo lo bueno para esta ciudad y su gente.

‘El Caleño’, por sus buenas obras y acciones, por sus oportunos mensajes bíblicos, su carisma y espíritu radiante de alegría, logró meterse en el corazón de los vallenatos. Era un ser humano con una capacidad increíble para incidir positivamente en el estado emocional de su interlocutor, condición que le fue suficiente para liderar grandes causas cívicas en favor de Valledupar y su gente.

‘Shalom Shalom’ era eso, vivía en constante función en pro de lograr precisamente lo que significa esa palabra hebrea: paz o bienestar en la gente. Él lo hacía a través de la fomentación de la cultura, el deporte y de diversas actividades saludables para la familia y para Valledupar, ciudad a la que demostró querer de manera incondicional montado, primero en una pintoresca bicicleta y después en una particular motocicleta, ambas adaptadas con un equipo de sonido de alta amplificación que le permitía llevar sus mensajes por las distintas calles y barrios de la capital cesarense. Todo un señor personaje.

Si alguien necesitaba promocionar, a bajo costo un producto, ‘El Caleño’ era el medio de comunicación indicado, esa era una de las formas de él ganarse la vida, pero más allá de esa actividad económica, su labor esencial siempre fue la de servirle al prójimo.

El mejor homenaje póstumo que se le puede brindar a nuestro querido y recordado ‘Caleño’ es preservar ese legado de servicio a la comunidad, ese don de gente, esa permanente disposición para hacer el bien y actuar en favor de los demás, pero en especial por hacer cada día de Valledupar una ciudad mejor.

Por todo ello, le rendimos tributo a su memoria bajo la premisa de que nuestra ciudad, nuestras comunidades necesitan personajes con en ese carisma y compromiso, figuras que se conviertan en referentes de denuncia, pero también de reflexión sobre cómo ser mejores ciudadanos cada día. Estos personajes cívicos, aunque muchas veces considerados pintorescos o excéntricos como lo fue ‘El Caleño’, desempeñan funciones necesarias en defensa de la colectividad y de una adecuada orientación social.
Ojalá que el legado de ‘El Caleño’ sirva de motivo de inspiración para muchos otros ciudadanos inquietos y con cualidades de liderazgo. Él es un ejemplo social digno de imitar y de multiplicar para lograr transformaciones en el comportamiento de la gente en Valledupar. ¡Gracias Shalom Shalom!

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