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¡Presidente, no tire la toalla!

El imprevisto e imprevisible resultado de la votación por el Acuerdo final en el Plebiscito deja al país a la deriva, en un mar de incertidumbre. Ello afecta, porque lo trunca, no sólo la aprobación e implementación del Acuerdo sino que compromete la propia gobernabilidad del país. El Presidente Juan Manuel Santos se jugó todo su capital político en su apuesta por la paz y perdió y con él también perdió el país la oportunidad de ponerle punto final al conflicto armado con las FARC sin más dilaciones.

Lo habíamos advertido, la disyuntiva a la que nos enfrentamos en el Plebiscito era entre la oportunidad del sí al Acuerdo final y la incertidumbre del no y en estas estamos. El fallo de la Corte Constitucional que le dio vía libre a su convocatoria fue enfático al darle carácter vinculante para el Presidente de la República y sólo para el Presidente, al resultado que arrojara la votación del Plebiscito. Ello quiere decir que lo acordado no va más. Ahora sólo resta esperar qué tan viable puede llegar a ser una renegociación del Acuerdo final, como lo prometió el expresidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático y los promotores del No. Para que ello sea factible deberá converger la voluntad política de las partes, las Farc y el Gobierno que preside Juan Manuel Santos, pues sólo él tiene la potestad legal y constitucional para retomar las negociaciones.

El reñido resultado de los escrutinios (50.23 % por el sí Vs 49.76% por el No, con una diferencia de 60 mil votos) refleja fielmente la polarización política que vive el país, la que llegó a su mayor grado de paroxismo con el Plebiscito, enfrenta al país a un indeseable escenario de crispación, caracterizado por la hiperestesia y la intolerancia colectiva que no le hacen bien a la convivencia entre los colombianos. El país con este resultado quedó partido en dos mitades antagónicas y bien dijo Lincoln que “una casa dividida contra sí misma no puede seguir en pie”.

Hoy, más que nunca, cobran vigencia las palabras del excanciller de Chile Juan Gabriel Valdés, cuando dijo: “en el sistema democrático el que ganó no puede destruir al que perdió, ni el que perdió puede hacer invivible la Nación tratando de destruir al que ganó”. No debe haber cabida, entonces, ni para el triunfalismo arrogante ni para el derrotismo paralizante. El país todo, después de esta justa electoral, debe a volver a ser uno sólo, con una visión compartida de país en la búsqueda de la paz.

Si quienes hicimos campaña para impulsar el Sí en el Plebiscito teníamos como referentes los procesos exitosos de Irlanda y Suráfrica, ahora que se impuso el No tendremos que mirar hacia el Reino Unido, para que en Colombia no se repita la historia de lo que está pasando allá a raíz del Brexit, en donde después de más de cien días del Referendo que aprobó su marginamiento de la Unión Europea nadie, empezando por la Primera ministra Theresa May que lo lideró, sabe qué camino tomar. Todos están patidifusos.

En estos momentos, ante esta nueva realidad, se impone la sensatez, la sindéresis, empezando por el reconocimiento y respeto al resultado de los comicios, porque esa es la expresión democrática de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, que acudieron a las urnas en una jornada cívica ejemplar, sin sombra alguna que la empañara, excepto el marcado abstencionismo que se elevó al 63%.

Al presidente Juan Manuel Santos no le faltará grandeza y generosidad, de las que ha dado sobradas pruebas, para buscarle una salida apropiada a esta encrucijada y para darle un nuevo derrotero al país para alcanzar la tan esquiva como anhelada paz. Señor Presidente, se lo repetimos una vez más, no tire la toalla, insista hasta alcanzar la paz!

 

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