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‘Poncho’ Rentería

Treinta años haciendo una vaina de estas semanal, no es cualquier vaina, es una vaina muy grande que no todo mundo la hace. Esa vaina, leí ayer en su vaina semanal, cumple ‘Poncho’ Rentería de estarlo haciendo en El Tiempo, para deleite de unos, entre ellos yo, mortificación de otros y chercha de muchos.

Lo conocí, o lo vi más bien aquí en Valledupar, disfrazado de cachaco, a las 11:00 de la mañana con un sol bien…, con un vestido entero, no de fresco lino sino de paño inglés grueso a cuadritos, en la Catedral, donde sudaba como caballo espoleado, en el entierro de José Bolívar Mattos ‘Cheiba’, acaudalado hacendado de la región y padre del hoy magnate industrial y comercial, así le dice ‘Poncho’, Carlos Mattos Barrero, de quien creo que es muy amigo.

Lo volví a ver en el barrio Santa Fe, pero no se aterren ni vayan a pensar mal, no es el prostíbulo en que se convirtió el barrio donde en Bogotá residí por mucho tiempo en compañía de varios villanueveros, entre ellos Miltón, Uribe, Alpidio, Alais y Ciro Habib, Augusto, Álvaro y Carlos Lacouture, Rodrigo Dangond, Armando Daza Martínez, ‘El Mono’ Uribe López, Gumercindo Peñaloza, Juventino Martínez, ‘Monche’, Galo y ‘Pepe’ Torres y ‘Chin’ y Alfonso Acosta, sino en el exclusivo sector residencial de la ciudad de México, en el también elegante apartamento de la bella dama bogotana Adriana Dávila Londoño, hija del médico Miguel Dávila, quien estuvo por estas tierras haciendo su año rural, e hija de crianza, porque no me gusta la palabra hijastra, me repele, de Fernando Botero Zea, en una fiesta de cumpleaños con mariachis abordo y whisky por torrentes. Charlamos, nos identificamos y le dije que era vallenato y que garabateaba semanalmente en nuestro periódico El Pilón. Fue un rato agradable y nos dimos nuestros celulares, pero hasta el sol de hoy, lo veo en El Tiempo y si él lee El Pilón me ve también.

En ese barrio construido en lo que era el basurero de la ciudad, los residentes, no todos, pero sí una buena parte van en helicópteros a sus oficinas en el Centro y andan en bicicletas sencillas dentro de él; así vi a Fernando Botero en Polanco, barrio donde antiguamente residían los ricos y las estrellas del cine mexicano.

Estando la fiesta en pleno apogeo, me brindaron un whisky que yo decentemente rechacé porque me he vuelto un poco abstemio y segundo porque me di cuenta al entrar a la cocina que era Blanco y Negro y yo a ese traguito no le jalaba y saben qué dijo ‘Poncho’ Rentería gritao: “mentira, ese no bebe ese trago, él es vallenato pretencioso y ellos no consumen sino Old Parr” y entonces mi yerno, que yerno ni qué carajo, mi hijo Juan Pablo, me trajo de su apartamento que se comunicaba con el de Adriana en una puerta común, una de Old Parr y ahí sí, motivado por las rancheras que en ese momento interpretaba un mariachi baratongo (palabras al estilo de Rentería) me dejé caer uno o dos petacazos y en silencio me volé y me acosté. No lo he vuelto a ver y espero que lea esta columna para que, no se deleite, sino que se ría un rato.

‘La Trampita’ se llama la bahía construida sobre la carrera 8ª entre calles 15 y 16, estas entradas son hechas para parquear vehículos y no para estar los agentes de tránsito al acecho, de cacería para sancionar a los que en ella se estacionan. Por Dios señor Director de Tránsito ocupe a sus agentes en otros menesteres, que son bastantes y no haga de Valledupar una ciudad repelente sino acogedora y agradable.

De forma prematura falleció el licenciado en matemáticas Elger Calderón Avendaño, docente del Instpecam y Santa Fe. Me duele su muerte, pues la familia Calderón Medina es mi familia, y sus padres, Uribe y Cecilia, mis hermanos. Para Alcira e hijos mis más sentidos notas de condolencias, Q.E.P.D.

Por José M. Aponte Martínez

 

 

 

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