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Poesías con sabor a libertad

Ellas son las seis mujeres que lograron plasmar sus poemas en el libro ‘Poesía de mujer a mujer’, un libro que se podrá encontrar en todas las bibliotecas de la ciudad.

Sin importar el tipo de delito que hayan cometido, 80 mujeres que están presas en la Cárcel Judicial de Valledupar se unieron para participar en el tercer recital de poesía llamado ‘Poesía…de mujer a mujer’, que lidera el grupo ‘Valle de poesía’.

Los muros que las obligan a estar lejos de sus familiares y seres queridos, no son impedimentos para sacar a flote las emociones que llevan en su alma y su corazón.

El evento realizado el viernes 26 de marzo, inició con la celebración de una eucaristía. Posteriormente, disfrutaron de una serenata con mariachis, con los que cantaron y bailaron cada una de las melodías que amenizaron la jornada. Más adelante recibieron rosas, obsequios y refrigerios.

La emoción de estar ahí presentes se podía percibir en sus miradas y en sus sonrisas, sentimiento que no solo lo generó el merecido reconocimiento de ser madres. También fue el escenario perfecto para declamar poesías de mujer a mujer, tal como se viene haciendo desde hace tres años.

No hay lugares prohibidos para este género literario y menos en un territorio cuyo paisaje es una grandiosa composición poética o un ‘Valle de Poesía’, nombre con el que fue bautizada una asociación de poetas y narradores orales de los departamentos de Cesar y La Guajira, que buscan beneficiar con su arte a las internas de la Cárcel Judicial de Valledupar, al tiempo que las inspiran para exteriorizar su propio don creativo.

En la larga lista de reclusas que tiene el centro penitenciario, aparecen seis mujeres que han encontrado en la poesía una forma de escape en el mundo oscuro que ofrece la cárcel.

Se trata de Fermina Esther Benavides, Deyvis Mildreth Castro Caro, Betina Fonseca Guzmán y Jazmín Cecilia Áreas Torres, mujeres que cumplen diferentes condenas, pero tienen algo en común: su amor por la poesía.

En cada uno de sus poemas plasman sus más profundos sentimientos, sus deseos de libertad, el amor por sus hijos y su fe inquebrantable hacia Dios.

“Nunca me imaginé que tuviese el talento para escribir y pertenecer a un grupo de poesía, pero llegué, intenté y me gustó mucho. Mis hijos son mi mayor inspiración, el motor y el aliento para hacerlo”, contó Fermina Esther Benavides, quien lleva dos años privada de su libertad.

Deyvis Mildreth Castro Caro, con un tono de voz fuerte, ese que caracteriza a los guajiros, y una mirada que a pesar de las difíciles experiencias vividas tras siete años de estar en prisión, refleja tranquilidad y mucha alegría, contó que en la poesía encontró ese refugio, ese medio por el cual puede expresar sus sentimientos desde que era muy niña, razón por la que se siente feliz de que, aun estando privada de su libertad, pueda desarrollar su talento.

Ella sabe qué olor tiene la muerte y qué color la desesperación, pero ahora se dedica a escribir poesías, hace parte del grupo de profesoras de la paz dentro del centro reclusorio y participa en todas las actividades culturales y educativas que allí se realizan.

“Me encanta escribir y cantar, desde niña lo he hecho, me gusta expresar lo que siento y pienso a través de estas dos formas. Además quiero que más allá de estas paredes conozcan que no somos monstruos, que somos seres humanos. Algunas cometimos errores, otras estamos aquí por estar en el lugar equivocado; sin embargo, Dios usa las situaciones difíciles para moldearnos, es una oportunidad que tenemos y no debemos desaprovecharla. Las dificultades son un campo de entrenamiento”, es el relato de quien ha vivido en carne propia la tristeza de tener a sus hijos lejos, haber perdido a su pareja y vivir en medio de altos muros de concreto y rejas que parecieran no tener fin.

Así nació la idea
Este ejemplar proceso que se lleva a cabo dentro de la Cárcel Judicial, comenzó hace tres años, cuando poetas del Cesar y La Guajira concretaron la idea de llevarle un homenaje recitado a una colega, la que por cuestiones de la vida llegó a estar recluida en la Cárcel Judicial de Valledupar.

Recital que denominaron ‘La Danza del Colibrí’, en honor a una de las obras literarias de la poetisa. La gratificante experiencia contagió a las demás internas del penal, a partir de ahí se gestó la idea en los proponentes del homenaje para iniciar acciones que pudieran abrirle espacios al arte dentro de la cárcel.

Fue así como para el 2016 programaron un recital al que llamaron ‘Maquíllate de poesía’. Tocaron puertas de entidades públicas, privadas y de amigos, logrando reunir paquetes de belleza y de aseo para llevar a las internas.

La experiencia superó las expectativas, sobre todo para el grupo de poetas agrupados en ‘Valle de Poesía’, quienes lograron a través del compartir con las reclusas, sentir y entender su situación de manera más cercana, olvidarse de señalamientos y entenderlas como seres humanos que sienten y viven como los demás.

De igual manera, lograron implementar un instrumento como el arte en los procesos de reconciliación, como hilo con el que se teje cultura de paz, como bálsamo que suaviza los momentos aciagos, los vacíos materiales y espirituales, las penas propias del penal.

En esta tercera oportunidad, 25 reclusas participaron de 10 talleres de literatura, en los patios de la cárcel, en compañía de poetas reconocidos de la región y talleristas.

“Se despertó en ellas esa sensibilidad que permanecía dormida y quisimos rescatar todo ese proceso y vincularlas como protagonistas del recital; desarrollamos diez talleres de literatura, en los patios de la cárcel, para los cuales llevamos poetas reconocidos de la región como talleristas y una persona experta en daza y expresión corporal”, contó Eduardo Santos Ortega, poeta miembro de este grupo artístico.

Por Jennifer Polo / EL PILÓN

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