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Pobreza: tarea generacional

Amartya Sen en sus estudios sobre  la pobreza, desarrolló las preguntas claves: ¿A quiénes deben estar dirigidos los esfuerzos de una sociedad para bajar sus niveles de  pobreza? ¿A quiénes incorporar en este concepto de pobreza para ser eficientes en la designación de recursos? Su medición y definición son  la principal  herramienta. No se debe permitir a las personas llegar a ser tan pobres que  finalmente ofendan y causen dolor a  una sociedad. Es el reflejo de su fracaso.

A muchos les preocupa más la incomodidad del impacto visual, que el sufrimiento y condición de las personas pobres. El reto principal es definir quiénes son el centro de interés para enrutar los esfuerzos para bajar la pobreza. 

La reducción real del ingreso incrementa el sufrimiento de los pobres, por eso, se promueven cambios para reducir la pobreza, y evitar que  los ricos  se ofendan con su presencia. Creen que así   alivian la situación. Como si fuera solo un problema estético.

Hay que dominar  la esencia de la pobreza, para mejorar la calidad de vida de la gente más necesitada, buscar su bienestar y darles oportunidades de real progreso. Es lo justo.

Colombia ha avanzado en  una medición más  precisa. Desde el año 2002 los más pobres de nuestro país han bajado del 50% al 27% en el año 2017. La clase media ha subido de un 16% a un 31% en el mismo periodo. Un cambio importante. Los más vulnerables se mantienen en un 40%. También se conoce que la ruralidad en  Colombia ha bajado de un 56% a un 37%. 

Al medir la pobreza multidimensional  se concluye que  el Caribe y el Pacifico la  aumentaron por la pandemia por encima del 26%. Y es en las dos Costas donde se concentra la pobreza. Contrario al patrón de desarrollo del resto del mundo.

Las decisiones del Gobierno no han sido adecuadas, aunque la gente más pobre no estaban afectadas por la  pandemia igual se les   cerraron todas sus actividades, incluso las educativas. El 90% de los hogares antes de la cuarentena  tenían acceso a  3 comidas y bajó a un 68%. Los más afectados por la inflación son las gentes más pobres y  vulnerables,  mucho más que las de ingresos altos.

El nuevo índice multidimensional de inclusión productiva desarrollado por el Banco Mundial  mide no solo pobreza monetaria, incluye nuevos factores más representativos como inclusión laboral y educación. Hay una  evolución de los índices que no solo miden ingresos. Miden más   factores de calidad de vida como: cobertura de necesidades básicas, mantenimiento de  condiciones biológicas, requerimientos de supervivencia y  posibilidades de  trabajo.

El hambre es  importante para medir la pobreza. Muchas personas logran  sobrevivir con una alimentación escasa y tienen una esperanza de vida a pesar de sus limitaciones dietéticas.  

Los procedimientos utilizados en la definición de  pobreza como nivel de subsistencia son  cuestionados por su enfoque estrictamente biológico. Importante definir el paquete nutricional y saber si la persona tiene los ingresos suficientes para adquirirlo o si los pueden cubrir con apoyos institucionales.

El concepto de pobreza es equiparable al  de desigualdad. Por eso se analizan las transferencias de los ricos a los pobres que  tienen un efecto considerable en muchas sociedades haciendo de la  pobreza un concepto muy relativo. 

La gran conclusión es que los factores más importantes para jalonar el desarrollo y bajar la pobreza son: 1. El  crecimiento económico 2. La distribución social de ese crecimiento  y 3. La inflación.

Aunque la seguridad social colombiana es de las  mejores del mundo, porque el sano aporta para los enfermos y el rico aporta para el pobre, eliminar la pobreza es la tarea de nuestra generación.

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Eduardo Verano De La Rosa: