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Panorama Jurídico: Despertar gradual de la conciencia

Decía Emanuel Kant en su libro ‘Crítica de la razón pura’: “El despertar gradual de la conciencia, potencia la razón del ser humano y permite mayor evolución”. Muy a pesar que el calendario enmarca en el inicio de un nuevo año, donde el anhelo colectivo es vivir mejor y con mayores oportunidades, se aprecia en el contexto universal un sentimiento de profundo desgano y desesperación a raíz de la impredecible tormenta social estimulada por la pandemia, que golpea a mujeres, hombres y niños.

Esa arremetida infernal que parece no tener fin, requiere hoy más que nunca la presencia afirmativa, constructiva y generadora del Estado, el cual debe a través de todo el andamiaje institucional generar perspectivas de visión en materia de prevención que permitan fortalecer el sentido de pertenencia; elevar el grado de autoestima y concientizar al individuo sobre el peligro inminente que representa este virus y sus garrafales consecuencias.

El despertar de la conciencia debe asumirse como un rastro que enruta el futuro de la humanidad. Bajo este entendido, la sociedad debe arroparse con el manto de la responsabilidad, adoptando acciones que propicien una nueva cultura de vida plena, sana y llena de valores éticos, que vaya moldeando la inteligencia, el amor, la solidaridad, la comprensión y el cabal cumplimiento de nuestro entorno.

Se necesita fomentar y promover por doquier rincón  del universo, el rescate de la unidad con diversidad y estrategia; generar procesos de organización y estructuración de los factores asociados al comportamiento social, desde el saludo cordial, sincero, cotidiano, la atención al visitante, la asepsia personal y demás cuidados articulados para preservar los derechos a la salud y el fundamental, la vida.

No hay que olvidar que prevenir es mejor que curar, el covid-19 es el enemigo número uno de la humanidad, traicionero, oculto, silencioso y letal. Urge enmarcar la rutina en el dominio de las convicciones con compromiso, seriedad y responsabilidad. Créanlo o no, estamos prácticamente acorralados, pero aún así, con mayor grado de conciencia, podemos enfrentar la lucha y ganar la batalla.

La conciencia, como un ejercicio racional, es una dignidad que merece con suficientes méritos practicar y aplicar en todo y cada uno de nuestros actos. Bajo estas circunstancias, el Estado con soportes en las políticas sociales, debe empoderar a la comunidad para que determine su mejor  futuro. Los gobiernos del mundo están obligados a enfocar toda su artillería de concientización y sensibilización, aportando a la sociedad herramientas e instrumentos que garanticen una mejor forma de vida y un futuro de cambio y transformación.

La tarea este año es aunar esfuerzos y voluntades por parte de todos los estamentos de la sociedad, dar mejor de sí para que su gestión se encamine al ejercicio de las buenas prácticas  saludables.

Claro que es importante plantear acciones motivadoras e innovadoras para producir cambios sociales. Hacer uso del despertar de la conciencia es adoptar una metodología de principios y de disciplina dentro de una concepción dialéctica y cuya misión y visión sea el cuidado, conservación y mantenimiento de la vida; por ello es fundamental inculcar a la comunidad para que permanezcan atentos e informados sobre el desarrollo de la pandemia, el número de afectaciones y las recomendaciones de los especialistas.

Solo así podemos alcanzar potencialidad real de cambios y lo más importante dinamizar el grado de conciencia de las comunidades. Hay que seguir pedaleando hacia el sueño de un futuro próspero con fundamento en la conciencia social.

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Jairo Franco Salas: