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Niño Dios: hay tantas cosas qué pedirte

Difícil resumir en el espacio limitado de una columna las tantas cosas que hay que pedirle a Dios. Lástima que la dictadura del espacio no lo permita.

Estamos a escasos cuatro días de la nochebuena, la noche del 24 de diciembre, la mayoría cristiana de colombianos y en especial el pueblo vallenato celebrará la Navidad en el calor de sus hogares. Las luces, los regalos y las fiestas son sólo una cara de esta festividad religiosa que evoca el nacimiento de Jesús en medio de la pobreza, la humildad y la falta de solidaridad.

Para aquellos que gozan de la presencia de sus seres queridos, que esta Navidad sea un poco de diálogo y cercanía, para los que por distintas circunstancias no están al lado de los suyos, que la Navidad refuerce los lazos familiares de amistad y de fortaleza.

Este año no ha sido fácil para muchos de nosotros y para muchos colombianos que sobreviven en medio del desempleo, la incertidumbre del secuestro, los atracos, la presión de las pensiones escolares, el dolor de la pérdida de un familiar, y demás tribulaciones cotidianas.

Muchos reciben este fin de año como talante sombrío y actitud pesimista ante el futuro, sin mayores esperanzas de cambio, es el momento que las raíces más profundas de las celebraciones navideñas recuperen su significado. El débil tejido social en que vivimos los vallenatos, amenazados por el desarraigo, la envidia, el egoísmo y la inequidad, necesita de valores cristianos, católicos y no católicos. La Navidad este año debe invitar a la reflexión que permita volver realidad una sociedad madura capaz de manejar inteligente y pacíficamente los conflictos que la aquejan.

Pasar estos días festivos en medio de la bruma alcohólica y el desorden sólo contribuiría a un guayabo pesado el próximo año y a la continuación viciosa del pesimismo y la sin salida. La noche del 24 no es para escapar de la cruda realidad sino para reforzar los lazos familiares y aunar fuerzas y espíritus con el fin de enfrentar el nuevo año. Pedimos finalmente reflexión y unión para los vallenatos. No tantos odios y envidias. Pedimos que las esperanzas del empleo, salud y estabilidad alegren los hogares que hoy viven la incertidumbre y la desesperación, que los secuestrados sin distingo vuelvan a sus familias. ¡Feliz Navidad!

Y como es mi costumbre, trataré otros temitas: Señor Alcalde de Valledupar, Augusto Daniel Ramírez Uhía: Voté por usted, y estoy convencido de que tiene la posibilidad de realizar una excelente gestión memorable en bien de esta ciudad como lo viene haciendo. Procure que Valledupar sea una ciudad amable. Recupere para esta capital algunas de las normas que estableció Antanas Mockus en Bogotá en busca de que el ser humano fuera más importante que los vehículos.

Por cierto, nada les he oído en materia de cultura ciudadana a sus funcionarios que debería ser tema fundamental de su administración. A usted como concejal lo acompañé y lo respaldé; fue en esa oportunidad el adalid, el gestor y abanderado de la cultura vallenata. Lo bueno de que la cultura ciudadana vuelva en la agenda de su administración, radica sobre todo, en que contribuye a prevenir hechos violentos y a promover el acatamiento autónomo de las normas no por temor a las acciones, sino con la motivación de que así se está facilitando la convivencia.

POSTDATA: Solicito muy respetuosamente al Secretario de Tránsito ubicar unos reductores de velocidad en la carrera 6ª esquina con calle 15 Plaza Alfonso López y en la calle 16 con carrera 6ª esquina, igualmente en la misma plaza.

Gracias, señor Alcalde, ‘Tuto’ Uhía por dos cosas: El desmonte de las ciclorrutas de la calle 17 y esperamos que suceda lo mismo en la carrera 9ª y los miércoles sin moto, qué descanso de estos irresponsables. Esta columna por motivo de vacaciones volverá a salir en Enero. Feliz año para todos.

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Alberto_Herazo: