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Minimizar las causas y sus consecuencias

Sin educación de buena calidad, ninguna sociedad logra escalar su economía a un nivel superior sostenible, ni alcanza alto progreso tecnológico, tampoco obtener cultura sobresaliente, ni mentalidad colectiva estable. 

Aunque lo antedicho se puede considerar irrebatible, no se debe ignorar que se requiere de múltiples factores simultáneos para que la educación de buena calidad sea totalmente beneficiosa. 

Para mí, los factores más importantes son la enseñanza y los paradigmas adquiridos adentro de las entrañas familiares, porque habitualmente, desde la niñez se aprenden los principios éticos y valores morales, cuando las familias son funcionales; es decir, que conviven en real armonía, con amor, solidaridad, franca tolerancia,  sentido de pertenencia y confianza recíproca, prevaleciendo la comunicación amable, amplia y sincera, lo que conlleva a que cada persona del núcleo familiar se sienta valiosa, respetada y con alta autoestima, además de otros sentimientos honrosos, siempre brindados y compartidos con inmensa satisfacción. 

Todas las personas normales siempre ambicionan superarse y que todos sus hijos las superen, también todas las personas normales tienen algo de narcisismo (egolatría), egocentrismo y psicopatía (hago la salvedad: no todos los psicópatas llegan a ser criminales, tampoco a ser sociópatas, aunque ambos, tanto la psicopatía como la sociopatía son trastornos de la personalidad).  

A pesar del dicho popular de que la política es un mal necesario, La real realidad (legítima redundancia), es que la política es indispensable para gobernar a la humanidad y a sus diferentes secciones, entonces lo malo no es la política, sino las personas que la aprovechan para satisfacer sus vanidades y apetencias incontrolables. Lo más grave o peor es que los ególatras, egocéntricos y psicópatas en grados superlativos son proclives a la política, no para ayudar a mejorar el bienestar colectivo, sino para alimentar sus egos, teniendo en cuenta que quienes sufren tales trastornos de la personalidad son arribistas insaciables y, por ende, recurren a la política para tener el suficiente poder, mediante el cual obtienen riquezas, lo que más los complace. Por consiguiente, detrás de ellos mantienen gran cantidad de aduladores: sobadores de sus chaquetas, cargadores de sus maletines, abre puertas de sus vehículos; en fin, aplaudidores de todo lo que dicen y hacen para conseguir sus prebendas.  

En Colombia, país pletórico de muchos recursos naturales valiosos, la mayoría de sus políticos son narcisos, egocéntricos y psicópatas, desafortunadamente, muchos de sus habitantes por falta de educación de buena calidad, carecen de la capacidad intelectual para analizar y determinar que tales personajes son fariseos, manipuladores de sus aduladores y aplaudidores sumisos porque en mitomanía son expertos, además, inteligentes con la proyección de infalibles, superiores a sus contrincantes y demás congéneres, comportamiento de deidades, merecedores de adoraciones; sin embargo, en el fondo no son más que unos ruines depredadores de bienestares generales y destructores de las oportunidades de los más necesitados.

En conclusión, ya el pueblo colombiano se cansó totalmente de los abusos continuos de los ególatras, egocéntricos y psicópatas politiqueros, que en la búsqueda de la vil complacencia de sus vanidades impúdicas han provocado todo tipo de transgresiones en nuestro país, incluso han cometido crímenes atroces y de lesa humanidad. Estos villanos vasallos de los narcotráficos han menospreciado la paz por la adicción al dinero y al poder. Las próximas elecciones presidenciales es el momento de sacar del poder a los títeres feudatarios de múltiples mafias y de sus lavadores de activos, siquiera con el propósito de minimizar las causas y sus consecuencias, que genuflexos por largo tiempo hemos soportado viendo asesinar a muchos líderes importantes y gente del común. Es el momento del cambio deseado por el pueblo colombiano.

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Jose_Romero_Churio: