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Más libros, menos armas

Por Óscar Ariza Daza

La semana pasada vimos movilizar a los estudiantes universitarios quienes protestaban contra el cambio de rumbo de Fedecesar.

Eso muestra el interés de los jóvenes por formarse, por salir adelante pese al ambiente hostil en el que muchos quieren obligarlos a vivir, al desconocer cualquier estrategia que el gobierno nacional implemente para alcanzar la  paz.

Demuestra también que aún muchos le apostamos a los libros y a la formación, en lugar de pistolas, porque las futuras generaciones merecen nacer en un ambiente de paz en el que puedan desarrollarse plena e integralmente sin amenazas ni estigmatizaciones. 

Quienes hemos nacido durante estos 50 años de barbarie, sabemos la necesidad de los acuerdos de paz, como posibilidad de acabar la guerra, más allá del pesimismo radical que padecen muchos, frente a una nueva conciencia de época vehiculada por la ausencia del conflicto.

No obstante, algunos personajes influyentes siguen creyendo que armarse es la solución ante la crisis de inseguridad que vive el país.

Asombra que políticos y líderes como Jaime Murgas Arzuaga, exgobernador del Cesar, a través de sus declaraciones públicas en Blu radio demuestre una indiferencia total hacia la paz cuando manifiesta su interés para que a ganaderos y personas naturales les permitan comprar más de dos armas, porque él solo tiene una pequeña pistola calibre 7:65, como si la solución estuviera en tener cantidades de armas o con mayor potencial destructivo, como si en este país la seguridad debiera plantearse desde la guerra,a la manera pre moderna que tantos muertos, desapariciones y desplazamientos ha generado.

Mientras los estudiantes marchan para pedir una mejor oportunidad educativa, algunos líderes regionales, en lugar de apoyar  la educación, muestran públicamente su apuesta porque el país no supere la época de la barbarie, en la que el único discurso permitido sigue siendo el de las balas, ese que usan los violentos porque no tienen un discurso racional, porque aborrecen el consenso y el diálogo, al no estar preparados para el amor y respeto por el otro, como elemento constructor de civilidad.

El despertar de una nueva sensibilidad en Colombia debe constituirse en un recurso fundamental para demostrar que necesitamos más escuelas y universidades, más ayuda a quienes no tienen acceso a la educación, más consejos de cultura y menos consejos de seguridad, más escritores y hacedores de la palabra y menos armas para defenderse, que lo único que demuestran es un absurdo deseo de responder con mayor violencia como mecanismo para disipar los miedos.

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