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Los retos de la reconstrucción

Colombia, y en particular la Región Caribe, incluyendo el departamento del Cesar, tienen el gran desafío de adelantar la reconstrucción del país de una manera transparente, honesta, eficiente y eficaz, luego de esta tragedia invernal que pareciera no tener fin. Desde estas mismas páginas hemos considerado que aún es prematuro para saber, a ciencia cierta, cual es la magnitud del desastre padecido, ya que aún sigue lloviendo de manera intensa en varias regiones de Colombia.
El balance es desolador, pero aún sigue siendo parcial; son centenares los muertos, y los desaparecidos, miles de casas destruidas, pueblos enteros bajo el agua, miles de hectáreas de cultivos y de pastos anegadas, cientos de animales muertos y otros debieron ser movilizados, etc y los costos de los daños se estiman – por ahora- en 10 billones de pesos, aproximadamente. Pero, consideramos que el valor de esta tragedia puede ser mayor y es mejorar esperar un censo completo para estimar los costos totales y definitivos de todo el proceso de reconstrucción…
Este invierno marcará al gobierno del Presidente Juan Manuel Santos Calderón. Todo el plan de desarrollo que el equipo económico venía elaborando, tendrá que ser modificado. Esta tragedia cambia las perspectivas económicas y condiciona, de una u otra manera, las políticas públicas a desarrollar, principalmente, las del área económica.
La reconstrucción puede debe ser asumida como una excelente oportunidad para adelantar una serie de obras de largo plazo que el país había venido aplazando. La reubicación de pueblos enteros, y de familias ubicadas en zonas marginales y de alto riesgo, puede servir para adelantar – en parte-  las reformas agraria y urbana que, por décadas, el establecimiento colombiano ha venido postergando.
Se requiere una visión de país, integral y de largo plazo, para adelantar esa macro tarea. Un nuevo pacto social, al estilo del Plan Marshall, guardadas las proporciones, puesto en marcha luego de la segunda guerra mundial para Europa, en el siglo pasado, es el que se requiere ahora para Colombia.
No obstante, esa reconstrucción implica varios retos para el país, para Colombia como Nación. Este no es un problema del gobierno de turno, sino de toda la estructura social, y por eso se requiere adelantar esta ardua tarea con transparencia, honestidad, eficiencia y eficacia.
Hay que garantizar la financiación de la reconstrucción acudiendo a nuevos impuestos, a crédito y ayuda internacional, de tal manera que todos los estamentos del país aporten, según sus posibilidades, en los costos del proceso. Se requiere una gran contribución por parte de la empresa privada, con más impuestos y con ayuda voluntaria, como ya se ha venido expresando de una manera entusiasta y solidaria.
Pero el principal reto es del Estado, en su conjunto, que debe dar muestras de una gran transparencia, honestidad y eficiencia en el manejo de todo este proceso para lograr el mayor éxito en el mismo. En anteriores tragedias, y duelo reconocerlo y decirlo, miles de personas se han hecho pasar como víctimas y – si esto vuelve a ocurrir ahora- estas personas van a desplazar a quienes si requieren de verdad la ayuda del Estado y fueron en serio afectados por la tragedia.
Hay que buscar los mecanismos para que la ayuda llegue oportuna y adecuadamente a las personas que verdaderamente la necesitan; evitar lo que pasó con la reconstrucción de Armero, el terremoto de Popayán y de Armenia, para citar sólo algunos casos. Este es un proceso que implica una buena gerencia.
Es trascendental, también, la tarea que tienen organismos como la Contraloría General de la República y la Procuraduría General de la Nación, en el sentido de prevenir e impedir que la ayuda y la acción del Estado se vaya por las cañerías de la corrupción. Este proceso requiere de un acompañamiento especial.
En este mismo sentido es fundamental que las distintas organizaciones de la sociedad civil, a través de veedurías, ejerzan una especie de control fiscal social, vigilantes, alertas, ante el manejo de estos recursos y estén prestos a denunciar ante los organismos de control y los medios de comunicación cualquier situación sospechosa por irregular y contribuir para buscar un buen manejo de estos recursos.
De igual manera, es importante también la labor de fiscalización social que podemos y debemos ejercer los medios de comunicación y los periodistas, en este proceso de reconstrucción. El diario EL PILÓN estará muy atento a la evolución del mismo.
Los retos anteriormente señalados son particularmente importantes en el caso de la reconstrucción de la Región Caribe, una de las más afectadas por esta tragedia. Lo sucedido en Atlántico, Bolívar, Magdalena, Córdoba, Sucre; el Cesar y La Guajira, en una menor proporción, implica una prueba de fuego para la clase dirigente costeña, que tendrá que demostrar una gran eficiencia y transparencia en el manejo posterior de la tragedia y en la reconstrucción de todo lo que se ha afectado.

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