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Los porqués de mis dudas sobre la inmensa riqueza del movimiento político de las Farc-EP

Desde cuando se vigorizó el proceso de paz entre el gobierno del presidente JM Santos y las Farc-EP, en el país todos los indicadores de violencia han disminuido. Porque en Colombia, actualmente, pese a las perniciosas acciones continuas de la delincuencia común, el índice de homicidios es el más bajo de los últimos 40 años, el secuestro ha bajado en un 90 por ciento y la extorsión ha descendido a un porcentaje considerable. Sin embargo, un alto porcentaje de colombianos –según la última encuesta de Gallup– responden que en nuestro país la inseguridad está empeorando.

Sin duda alguna, tal percepción contrapuesta a los datos estadísticos antes dichos se debe a la polarización política que atraviesa el país, en la cual el Partido Centro Democrático, comandado por el expresidente y senador Álvaro Uribe  Vélez, es factor determinante, además en un país de religiosos con mayoría de católicos no se puede  desconocer el influjo del exprocurador Alejandro Ordóñez tan ortodoxo con la conservación del catolicismo  a ultranza de los tribunales de la Santa Inquisición, que tantos herejes castigó hasta con penas de muerte.

Entonces aunque las Farc-EP hayan entregado las armas, a un alto porcentaje de colombianos les queda la duda de que no cambiarán y como movimiento político seguirán con las mismas acciones que han cometido durante más de 53 años. Este estado dubitativo de muchos colombianos lo aprovechan los opositores de los procesos de paz del gobierno del presidente JM Santos, a quien los comandantes, tanto de las Farc-EP como los del Eln poco o nada lo ayudan, ya que de parte de ambos grupos subversivos les tienen desconfianza.

Seis años para ponerle fin a las Farc como facción guerrillera combatiente, a algunos les parecerá largo pero, en verdad, es un tiempo corto, teniendo en cuenta que fue acabar su amplio protagonismo que lograron acumular en todo el país y en el exterior.

En todo caso, ya los miembros de las Farc desmovilizados entregaron sus armas personales a los comisionados de la ONU, quienes las almacenaron en unos contenedores, cuya verificación reporta la entrega de 7.132 armas. Falta por ver y contabilizar el armamento y explosivos que las Farc ocultaron en 900 caletas repartidas en el territorio nacional. Váyase a saber si las encontrarán todas y que cantidad, porque posiblemente los disidentes las habrán desvalijados. Como nadie sabe la cifra exacta de cuántas eran las armas de las Farc, tampoco podrá saberse cuantas entregarán. Lo cierto es que los disidentes no entregaron las suyas y el número  de las armas podría subir según lo que se encuentre en las caletas escondidas. Además, de los miles de milicianos de las Farc cuantos estaban armados.

Por otro lado, el tan cuestionado Fiscal General atiza a la ultraderecha que quiere ver fracasar el proceso de paz, con su empecinamiento de que las Farc deben entregar su caudalosa riqueza obtenida a través de secuestros extorsivos, minería ilegal, narcotráfico y otras modalidades de delitos. Personalmente no dudo en que se enriquecieron ilícitamente; no obstante, dudo en lo caudaloso, ya que sus actividades ilegales las cometieron con intermediarios –algunos de ellos de cuello blanco–,  y sostener un ejército con más de 7.000 combatientes armados sin contar los milicianos, esto mensual cuesta un dineral.

Por José Romero Churio

 

 

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