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LOS ODS

Por: Amylkar D. Acosta M1

 
Un estudio  reciente realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y el Fondo Mundial para la Naturaleza, destaca que, si bien es cierto que Latinoamérica contribuye “sólo” con el 11% de las emisiones de GEI, si no cambia sus prácticas actuales, la región pasará de generar 4.7 toneladas por habitante de GEI que emite actualmente a 9.3 toneladas, lo cual no deja ser preocupante. Tanto más en la medida que acusa una mayor vulnerabilidad, en la medida que depende en demasía de la extracción para la exportaciones de hidrocarburos y minerales, amén de su deleznable infraestructura y por la presencia de áreas bioclimáticas críticas como la cuenca amazónica, el bioma coralino del Caribe, los humedales costeros y frágiles ecosistemas montañosos.
Según el mismo estudio “se ha aumentado en dos grados centígrados, lo que ha provocado desórdenes en varios niveles, como en la agricultura, la exposición a enfermedades tropicales y cambios en los patrones de las precipitaciones pluviales, entre otros. El informe hace referencia a un estudio reciente que estima que la región experimentará pérdidas de entre 30.000 millones y 52.000 millones de dólares en sus exportaciones agrícolas en 2050”. Esto es una verdadera tragedia, que agobia sobre todo a la población más vulnerable.
Colombia, es a la vez el país con mayor biodiversidad por kilómetro cuadrado del planeta y uno de los más vulnerables a los embates del cambio climático. En los dos últimos años se ha visto afectada por una doble ola invernal, costosa en vidas y enseres, asolando campos y ciudades, al tiempo que ha colapsado la red vial y causado graves accidentes, con fatalidades, debido a la rotura de redes de oleoductos y gasoductos. Y ahora está abocada a la inminencia del fenómeno del Niño con todas sus consecuencias, que a diferencia del fenómeno de la Niña trae consigo los rigores de un verano extremo e inusualmente prolongado.
La Constituyente y los constituyentes de 1991 avizoraron la importancia que tendría hacia el futuro el desarrollo sostenible, al punto que se cuentan en la nueva Carta cerca de cincuenta artículos alusivos al mismo, empezando por su artículo 80. Por ello Colombia llegó pisando duro a la Cumbre de hace 20 años en Río, puesto que tenía las mejores credenciales para ello. No podemos decir lo mismo esta vez, con ocasión de la Cumbre Río + 20 que se acaba de clausurar melancólicamente, vísperas de mucho y día de nada!
La propuesta presentada por Colombia un año antes de la Cumbre Río + 20 tuvo en un principio una gran acogida, a falta de otra mejor; se trataba de  acordar los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), a semejanza de Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Son ellos: la seguridad alimentaria, la energía, las ciudades sostenibles, las ciudades limpias y los océanos. Dicha propuesta le dio un gran protagonismo a la delegación colombiana, que llegó a abrigar la ilusión de que la misma se adoptaría de consenso. No obstante al final se aprobó esta importante iniciativa, pero sin que se lograra un acuerdo sobre los objetivos específicos, como tampoco en el establecimiento de compromisos y metas a cumplir. Es decir los ODS se quedaron en el enunciado, en la abstracción.
El Presidente Santos no ocultó su decepción al afirmar que “a Colombia le hubiera gustado mucho que hubiéramos avanzado  más allá” y se trajo como premio de consolación que ‘sí hay un acuerdo sobre el proceso” de adopción de tales objetivos, que apenas comienza. Y para rematar, el sórdido episodio del baldón gubernamental de la malhadada reforma a la Justicia le impidió celebrarlo.
No deja de ser pertinente la acotación del ex ministro del Ambiente Manuel Rodríguez, a propósito de lo que acontece en el país, en el sentido que “el compromiso expresado por Colombia con la Cumbre de Río + 20 y en pro de la protección ambiental y del desarrollo sostenible en estas negociaciones internacionales debería traducirse en políticas nacionales coherentes con la positiva postura adoptada. Pero este es un campo sembrado tanto de luces como de sombras”. Y hasta la próxima cita.

Bogotá, junio 23 de 2012
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