X

¿Los indígenas y el verano culpables?

“Cabañuelas de amor, adiós dolor y que llueva”
Igual que en la famosísima canción “Cabañuelas” de la autoría de Roberto Calderón, incluida por Los Zuleta en el LP “Por ella” en el año 1982, se escucha por todos los rincones de La Guajira el clamor de la gente pidiendo a Dios “Que llueva”, para mitigar la sed y salvar lo poco que se tiene, unos animalitos y un pedazo de tierra.
Dicen los viejos, que no recuerdan desde su primera juventud un verano tan crudo y brutal y que el desorden climático es tan impresionante que ya ni siquiera se pueden guiar por el Almanaque Pintoresco de Bristol, porque tampoco se cumplen sus predicciones como sucedía en el pasado, por cierto es el mismo librito anaranjado del hombre barbón que a mi vieja le mandaban de la “Farmacia del pueblo” de Riohacha y nos tocaba repartir en Monguí, era una ayuda de rigurosa consulta pero que ninguno de nosotros le queríamos llevar a mi abuelo, porque nos hacía sentar para leérselo y si uno se volaba alguna parte enseguida se enteraba y nos hacía devolver.
La situación que se vive en la región peninsular es delicada y en ello el verano tiene mucho que ver pero no es el único culpable y tampoco nuestros hermanos wayúu porque lo único que ellos consumen no es agua, el hambre que padecen es más producto de la corrupción y de la impiedad que de la falta de lluvias, porque recursos suficientes para garantizarles el acceso a agua potable y saneamiento básico y para el suministro de alimentos las Entidades Territoriales han recibido para ser invertidos por regalías y también por los Resguardos pero ha faltado delicadeza, planeación y transparencia por lo cual resultan nugatorios los fines esenciales del Estado previstos por el artículo 2° Constitucional, con el agravante adicional que el peor enemigo del pobre es el otro pobre, pues, nada de eso sucedería, si las Autoridades Tradicionales cumplieran con sus deberes Constitucionales y Legales.
Ahora, para que la triste realidad que estamos enfrentando por el implacable verano no se convierta en bonanza y subienda para los satisfechos gozadores de los recursos públicos, es indispensable aunar esfuerzos entre todas las instituciones, los organismos de control y la más importante de las “IAS” la ciudadanía, de tal modo que la seguridad alimentaria se haga realidad, el restablecimiento de los derechos de los más vulnerables sea palmario, y la sed de agua sea saciada más que el hambre de enriquecimiento sin causa de los verdaderos culpables de la tristeza en que nos encontramos.
Lo que está sucediendo, era previsible y de esperar, nos encontramos ante la violación masiva de los Derechos e intereses colectivos al acceso a una infraestructura de servicios que garanticen la mejoría de la calidad de vida de los habitantes y a la Prevención de Desastres Técnicamente Previsible a que se refiere el artículo 4° de la Ley 472 de 1998, y es preciso desplegar cada quien desde su competencia las actuaciones que la emergencia y sus futuras consecuencias requieren para que esto no vuelva a ocurrir, porque nos saldrá más caro el incienso, la mihirra y el de sahumerio que el festejo.
“Si este verano vuelve a repetir quién sabe dónde iremos a parar” Leandro Díaz.
Por Luis Eduardo Acosta.

Categories: Columnista
Luis Eduardo Acosta Medina: