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Los concejos municipales han perdido su norte

Por Carlos Guillermo Ramírez Araújo

Los orígenes del cabildo, el organismo político más representativo del sistema político Hispanoamericano, se remonta al medioevo ibérico y constituiría durante toda la colonia, pieza angular de la vida institucional y colectiva, así como el  fundamento, más tarde de las juntas revolucionarias durante la independencia.

Estos cuerpos colegiados nacieron como una especie de  asambleas comunitarias para regular cuestiones de sumo interés para la población;  la defensa de sus derechos, la resolución de los conflictos entre ellos, la delimitación de sus territorios, las transacciones, el control de los precios de los alimentos.

Actividades gubernamentales, que se discutían asambleariamente, a lo que después se denominó Concejo o Cabildo Abierto. Hoy los Concejos municipales se constituyen en uno de los principales escenarios para el ejercicio de la democracia representativa y participativa en el nivel local.

Por ello, el Concejo como órgano colegiado que representa los intereses de los ciudadanos como sujetos de derechos y deberes, es un actor fundamental para el logro del buen gobierno y la gestión del desarrollo de su municipio.

Sin embargo, a  pesar de la relevancia de sus actuaciones en la vida local, su papel se ha venido debilitando paulatinamente, en parte como consecuencia al menos de cuatro factores, identificados por el observatorio ciudadano a Concejos municipales: i) la disminución de su papel deliberativo y representativo en razón a las iniciativas de los alcaldes ii) los bajo niveles de confianza ciudadana  iii) el aumento de la corrupción y el clientelismo  y iv) la debilidad del sistema de partidos frente a la responsabilidad política de los concejales.

Todo esto, es el  reflejo de algunos hechos noticiosos que se han generado en los últimos días, donde se involucran concejales como protagonistas de los mismos, que van desde el plano nacional, como la condena en cabeza del ex concejal Hipólito Moreno, involucrado en el carrusel de la contratación en Bogotá, dos concejales del Paso-Cesar, involucrados en el tráfico de hidrocarburos  y recientemente los Concejales de la Paz-Cesar del ala del Alcalde Municipal, quienes estarían dispuestos aprobar un proyecto de acuerdo sobre un millonario empréstito a cambio de dadivas y favores políticos, tal como se publicó en este medio periodístico, donde incluso la comunidad se vio en la necesidad de encadenarse en la puerta del recinto de la colectividad como señal de protesta.

Sin duda, estos casos y muchos más aun en la impunidad, son una vergüenza para el país, una vergüenza para la democracia y una traición para la comunidad misma,  que un día depositó su confianza en estos representantes para que fueran voceros del pueblo y velaran por los intereses generales de sus municipios.

Pero lo más preocupante y desalentador  es que muchas de estas prácticas son contestadas por los Alcaldes, quienes sin ninguna clase de escrúpulos ofrecen y los concejales tentados por la avaricia aceptan. Finalmente juzguen los lectores el parecido de la institución tal como fue concebida a lo que es ahora.

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