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La UPC, sin dolientes

ESCALPELO

Dickson E. Quiroz Torres
dicksonquiroz@yahoo.com

Tal cual le sucedió al maestro Escalona, me había prometido no volver a escribir, inconforme con el nuevo rumbo del periódico. Pero la sensibilidad brota ante la necesidad de opinar y enderezar entuertos.

Uno monstruoso amenaza con seguir devorándonos. Me refiero a la UPC y su proceso de designación de rector titular, en entredicho ha rato. Son repetidas las voces escuchadas y leídas que reclaman diligencia para la elección de rector: el clamor es unánime: ‘Nómbrese rápido, no importa a quién’.

Por infortunio, esa frivolidad en el tratamiento del tema es reforzada por la indiferencia enfermiza mostrada por los sectores representativos de nuestra sociedad, prueba palmaria de que aún no se tiene conciencia de la importancia y dimensión de la UPC para nuestro territorio.

Se llueve sobre mojado cuando se advierte que La UPC, llamada a ser el más grande e importante establecimiento universitario del País Vallenato, y como tal, gestante de su desarrollo, se debate hoy en la mayor de sus crisis política, financiera, y por supuesto, académica, evidenciándose su déficit en calidad, pertinencia y ética. Cada rector que llega hace de las suyas, generándole un desangre al ser condenada al pago de millonarias indemnizaciones por despidos injustos. El afán del cuarto de hora por manejar presupuesto millonario, más la licencia caprichosa para nombrar y desnombrar, explica el enquistamiento de sectores que a dentelladas pelean la regencia del claustro.

Nada de eso pellizca a los vallenatos, máximos tributarios, como si no se percataran de la importancia de la UPC para la proyección y consolidación de un Cesar próspero, sostenible, competitivo y emprendedor. No es sólo, pues, un daño emergente; también un lucro cesante. Ante tanta indiferencia e indolencia, con razón unos pocos malandrines la convierten en su fortín político y económico, apropiándosela, tomándosela a saco roto.

La oportunidad la pintan calva. La coyuntura es propicia para que los sectores representativos de la sociedad incidan en el futuro de la UPC, no dejándosela a unos pocos aprovechados que inteligentemente avivan un ‘sentimiento interno’ para descalificar y alejar lo que ellos llaman una injerencia externa, como si el entorno de la universidad no fuere su principal activo ‘estamentario’.

El Centro de Pensamiento Cesarense – CPCe, fundación que me honro presidir, hace un llamado urgente a las organizaciones representativas de la ciudad, inclusive del departamento, para analizar el cómo incidir en la mejor suerte de la UPC. El apremio no puede ser por una elección precipitada, sino más bien por una elección acertada, que consulte los altos intereses del territorio, una elección que honre y dignifique a la universidad y al Cesar, una elección capaz de disipar la actual polarización fratricida, una elección que matrimonie a la universidad con los  sectores privados y públicos, bajo el entendido que sola no le es posible cumplir su misión. En fin, una elección que   enorgullezca y garantice resultados en civilidad y productividad.

¿Los hoy candidatos a la rectoría se encumbran en ese paradigma? Definitivamente no. Además, a los actuales aspirantes les cabe responsabilidad en la misma crisis universitaria, al punto que a su ‘centenario’ paso por la UPC ninguno tiene algo trascendente para mostrar. Cómo premiarlos. El sentimiento es de desolación al predicarse el voto por el menos malo. Con razón tanta dilación del Consejo Superior, debatiéndose entre la presión por una pronta elección y la certidumbre de unos candidatos que no dan la talla para el momento coyuntural.

La UPC no puede seguir sola dando una pelea desigual con semejante hidra de la corrupción. Es imprescindible la participación social para rescatarla, para reivindicarla. Es aquí donde se echan de menos las organizaciones sociales del territorio para blandir dicha bandera y empezar a construir el camino del desarrollo. ¿Dónde está la Cámara de Comercio que no despierta; dónde Fenalco, amodorrado; dónde el Comité Agropecuario que no sacude el sopor; dónde las asociaciones de profesionales, que brillan por su ausencia? ¿Dónde el reencauchado Comité Intergremial…?

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