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La ruta de la productividad

Hace unos años fui invitado por ABRAPA (asociación brasilera de productores de algodón) a su Congreso anual celebrado en Foz de Iguazú, al oeste del estado de Paraná, donde se desarrollan grandes extensiones agrícolas con alta productividad.

Anteriormente, había estado en una gira por ese corredor agrícola que integran las ciudades de Londrina, Maringá y Cascavel, donde a principio de febreros de cada año, se realiza el show rural de Coopavel, una de las ferias de tecnología agrícola más importante de América Latina, después del Agrishow, de Ribeirao Preto, donde se lanzan las principales tendencias e innovaciones tecnológicas del mundo para los distintos agronegocios. Es el equivalente al Paris Fashion Week, pero del agro.

Para recorrer las 75 hectáreas de exposición con 5 mil parcelas demostrativas y un parque de maquinaria y equipos de última tecnología, se requieren por lo menos tres días. Allí se pueden ver variedades de tomate como el BRS NAGAI, que produce 440 cajas de 25 kg en 1.000 plantas; cebollas que rinden 20 toneladas/ha, ajíes que producen 35 toneladas/ha en seis meses; arvejas que rinden 30 toneladas/ha; una variedad de yuca que, con una densidad de 13.800 plantas/ha, produce 38 toneladas en 14 meses y una semilla de sorgo forrajero que rinde 45 toneladas por hectárea en 90 días.

Toda esta tecnología es producida por la empresa de investigación agropecuaria de Brasil (Embrapa), equivalente al Agrosavia de Colombia, pero con 44 centros de investigación en todo el país y 9.800 empleados de los cuales la mitad son investigadores.

En la ciudad de Londrina, tienen un centro de investigación dedicado exclusivamente a producir las mejores variedades de soja, maíz, girasol y pastos de corte, adaptados a los suelos, altitud y climas, de esa zona. Además, de las variedades mejoradas que producen las grandes multinacionales de la biotecnología agrícola. Imagínense, lo que sería la altillanura colombiana con esta oferta tecnológica.

Gracias a la implementación de esta política de Estado, conducente a la productividad agropecuaria, es que Brasil logró en menos de 20 años, pasar a ser el 1º productor mundial de azúcar, café y jugo naranja; el 2º productor de soya, carne bovina y etanol; el 3º productor de carne de aves; el 4º en sorgo y el 5º productor mundial de algodón.

En Brasil, los recursos del presupuesto anual para el subsidio a la tasa de interés para los créditos del sector rural son sagrados, ya que es la única forma de fomentar las inversiones a largo plazo en sistemas de riego, mecanización de cultivos e infraestructura de almacenamiento. Y con la subvención del seguro agrícola contra riesgos climáticos y las coberturas de precios de mercado para garantizar un precio mínimo, blindan las rentas de los productores.

El resto lo invierten en apoyos a la investigación y transferencia de tecnologías a los productores del campo.

Si acá organizáramos los presupuestos del ministerio de Agricultura y sus entidades adscritas, para reorientar los recursos públicos con la misma eficiencia que lo hacen los brasileros. Se trata de hacer una transición de la política pública del subsidio a la ineficiencia hacia una política pública de fomento a la productividad.

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