X

La oración que prevaleceLa oración que prevalece

“Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”: Jeremías 33,3. Comenzamos septiembre, los meses terminados en “bre” anuncian la recta final del año. Para terminar de pie este convulsionado 2017, es necesario mantenernos de rodillas ante Dios¸ el arma más poderosa que tenemos es nuestra vida de oración. La oración nos llevará a la presencia, el poder y el propósito de Dios.Las personas más equilibradas que conozco son aquellas que han aprendido a orar. No simplemente aquellos que creen en la oración o suben mensajes de oración en las redes; sino aquellos que se toman el tiempo para orar. Todos tenemos cosas importantes que hacer; pero, los que despuntan son quienes se toman el tiempo para orar primero y entienden que dar prioridad a la oración es la clave de la victoria.La oración es esa comunicación santa con el cielo que crea una atmósfera para la presencia de Dios, cuando oramos los cimientos del infierno se sacuden, hay un derramamiento del Espíritu, ocurren terremotos espirituales. El enemigo le teme a la oración prevaleciente.Amados amigos: Sí podemos orar, lo podremos todo. El cielo y la tierra lo notarán, porque la oración es la acción en la tierra que mueve el poder del cielo. La oración es Dios diciendo: “Si tú lo haces, yo lo haré. Sí tú oras, yo actuaré. Sí oras, yo me moveré. Sí pides, yo responderé. Sí oras, yo soltaré lo mejor de mí en tu vida”.La oración que prevalece no es una trinchera en la que solamente nos metemos cuando estamos en problemas. Es algo que somos, es parte de lo que Cristo significa para nosotros. Con ese tipo de oración, conoceremos la victoria. Todo lo que Dios desea hacer en nuestras vidas, está ligado a la oración.La oración que prevalece es la de Moisés, cuando se puso en la brecha ante Dios en favor de los israelitas e hizo que Dios se retractara de destruir a todo el pueblo. Es la de Josué, cuando detuvo el tiempo en Gabaón hasta que terminó la batalla. Es la de Ezequías, cuando luego de recibir la amenaza del rey de Asiria, fue y presentó su petición a Dios y el ángel del Señor les dio la victoria. Es cuando el mismo Ezequías enfrentó una sentencia de muerte y clamó a Dios y se les concedió quince años más de vida.En Jesús, la oración que prevalece fue necesaria para sanar a los enfermos, echar fuera los demonios, romper las barreras de la fe, enseñar a sus discípulos y comisionarlos para ir al mundo caminando en un poder asombroso. La oración que prevalece no tiene ni distancia ni barreras. Cuando oramos proyectamos el reino de Dios y disipamos las tinieblas.Para que nuestra oración prevalezca, se necesita observar un modelo, un patrón y también persistencia. El patrón se relaciona con la esencia: Oramos al Padre en el nombre de Jesús por el poder del Espíritu Santo. La persistencia tiene que ver con el hábito. La única manera de aprender a orar es orando: Ore en voz alta, ore confesando, ore adorando, ore la Palabra, ore suplicando, ore agradeciendo, ore con fe.Es la oración de fe la que cambia las cosas. No podemos caminar sobre las aguas, calmar tormentas y sanar enfermedades, sin primeramente lidiar con ellas en el lugar secreto de la oración. Necesitamos entrar en la dimensión de la fe para que le dé fuerzas a nuestra oración. La fe da a nuestras oraciones el poder para transformar y producir.

¡Comencemos hoy mismo a orar en secreto y Dios nos recompensará en público! Un abrazo en Cristo y nuestras oraciones por tu vida.

Por Valerio Mejía

Categories: Columnista
Valerio_Mejia_Araujo: