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La lucha contra la pobreza en el Cesar: avances y tareas pendientes

Por Fernando Herrera Araújo y Luis Alberto Rodríguez*
    
Durante 2002, uno de cada dos colombianos estaba bajo la línea de pobreza por ingresos. Diez años después, era uno de cada tres. Un avance importante sin lugar a dudas. Sin embargo, una de las principales características de dichos logros es que está dando resultados supremamente desiguales. Por lo anterior, la tendencia a la disminución de la pobreza amerita un análisis regional. En esta ocasión nos centraremos en los resultados y tareas pendientes en el departamento del Cesar.

En Cesar la incidencia de la pobreza ha disminuido en la última década, tendencia compartida por el país y la región Caribe. Mientras en 2002 en Cesar había 69,1% de la población en situación de pobreza, en 2011 (última cifra existente) el porcentaje era de 47,2%, es decir, 22% menos.

Si tenemos en cuenta la población del departamento, estas cifras nos arrojan 535.000 personas en situación de pobreza en 2002, mientras que para 2011 había 75.000 pobres menos.

El promedio en que se ha disminuido la pobreza en Cesar y en la región Caribe es en general mayor que el promedio a nivel nacional. Pero el departamento está muy lejos de cumplir la meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio trazada por el país, de 28,5%. Si continúa la tendencia de 2002-2011 (2.4% de disminución anual) Cesar cumpliría la meta fijada para el 2015 en el año 2020. Pero hay que tener en cuenta que la disminución entre 2008-2011 ha sido mucho más pronunciada (5.3% anual) y de seguir dicha tendencia, el departamento lograría la meta en 2016.

En términos generales, la región Caribe se encuentra mal posicionada en los indicadores de pobreza al  hacer comparaciones por departamentos. Entre los 10 territorios del país con las cifras más altas de pobreza, seis de ellos corresponden a departamentos del Caribe y Cesar está en el noveno lugar de dicha clasificación.  La mayoría de estos departamentos de la costa han reducido sustancialmente la pobreza en la última década y en el último año de datos (2010-2011) algunos de ellos tuvieron las disminuciones más altas del país (La Guajira, Sucre y Cesar). Sin embargo, la mayoría de ellos están muy lejos de alcanzar el 28,5%, que es la meta del milenio en 2015 para el país.

Comportamiento en el sector rural

Un tema que vale la pena resaltar es la pobreza en el sector rural en Cesar. En el más reciente informe de pobreza nacional del DANE se resalta que la disminución de la pobreza en el campo es una tarea pendiente y esto es particularmente  importante para un departamento que tiene cerca del 36% de su población en zona rural (DANE. Proyecciones poblacionales), la cual puede ser incluso mayor si se tiene en cuenta un índice de ruralidad diferente (Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011). Reducir la pobreza en el campo es una prioridad incluso mayor en estos momentos en el que se realiza un proceso de negociaciones para poner fin al conflicto y el campo ha sido uno de los grandes afectados por este.

Una de las formas más convencionales para medir la pobreza es por línea de pobreza monetaria, que mide si una familia no tiene los ingresos para satisfacer unas necesidades mínimas entonces se considera pobre. Es por lo anterior que las problemáticas para la generación de ingresos y su principal fuente, el mercado laboral, son fundamentales para entender la pobreza y combatirla.

En el caso del Cesar vemos que la tasa de desempleo está usualmente por debajo de la media nacional. Por ejemplo, el departamento en 2012 tuvo un promedio anual de 9,2%comparado con un 10,4% del nivel nacional y la informalidad en el territorio es mucho mayor que a nivel nacional. Por ejemplo, Galvis (2012) “Informalidad Laboral en el áreas urbanas en Colombia” calcula que la informalidad laboral medida por afiliación al sistema de seguridad social en Valledupar está alrededor del 80%, mientras que a nivel nacional es cerca de 60%. Vale la pena resaltar que dicho indicador debe ser aún mayor para lo zona rural del departamento. 

Por supuesto esta configuración del mercado laboral tiene impactos negativos en la lucha contra la pobreza en el departamento. De hecho si se analizan las tasas de pobreza según la ocupación vemos que el 67% de los desempleados son pobres comparados con el 44% de los ocupados, y esto evidencia que los desempleados tienen mayor probabilidad de ser pobres y por la alta informalidad, estar ocupado no garantiza que se esté por encima de la línea de pobreza.

Conclusiones para el Cesar

A modo de conclusión sobre la lucha contra la pobreza en Cesar podemos decir que se han dado avances importantes y se han tenido disminuciones altas, si se compara con la tendencia nacional. Sin embargo, aún tenemos tasas inaceptables de pobreza y estamos lejos de cumplir la meta que se propuso el país para 2015.

Dicha meta se alcanzará solo si se continúan e incluso incrementan los esfuerzos hechos hasta ahora. Igualmente se debe impulsar el desarrollo rural. Reducir la pobreza en el campo es una deuda para el departamento al igual que lo es para el país y es de particular relevancia en este momento histórico de negociaciones para poner fin al conflicto. Y para que la reducción de la pobreza sea irreversible es necesario impulsar la creación de empresas y la generación de empleo formal.

Para esto es necesario fortalecer las capacidades de los tomadores de decisiones sobre el tema, las iniciativas de monitoreo y seguimiento al mercado laboral (observatorio de mercado laboral), promover los mercados y proveedurías inclusivas en la región, “amarrar” las inversiones carboníferas al desarrollo social territorial, entre otras estrategias ya conocidas por su efectividad para reducir la pobreza.

Contexto nacional de la pobreza

La pobreza es un lastre con el cual carga la humanidad y en particular países cómo el nuestro. Así lo dice Julio Vázquez, en su canción, ya histórica, “la pobreza es una mancha señores, que no la quiere ninguno”. Por lo anterior, en nuestro país la lucha contra la pobreza es particularmente importante en un momento histórico en el que el Gobierno y el grupo armado más antiguo del país están inmersos en un proceso de negociación para ponerle fin al conflicto.

Es importante resaltar que la lucha contra la pobreza en Colombia viene mostrando avances en la última década. Por ejemplo entre 2002 y 2012 se ha pasado de una tasa de incidencia de la pobreza nacional de 49,7% a 32,7%, es decir, hace 10 años uno de cada dos colombianos no contaban con un ingreso para satisfacer sus necesidades mínimas, mientras que en 2012 tenemos que uno de cada tres colombianos está en esta situación. En número de personas, significa que en 2002 había cerca de 20 millones de pobres y en 2012 cerca de 15 millones: en promedio 500.000 personas salieron de pobres cada año durante la última década.

Sin embargo, así como Colombia es positivamente diversa en términos étnicos y culturales, también es negativamente desigual en sus indicadores socioeconómicos. Por ejemplo, en cuanto a la lucha contra la pobreza las buenas noticias cambian de magnitud cuando se revisan los resultados desagregados emitidos por el DANE. Para el caso de las nuevas estadísticas se tiene que entre 2011 y 2012, en la zona urbana la pobreza pasó de 30,3% a 28,4% y en las 13 principales ciudades del país pasó de 20,6% a 18,9%, zonas en las que evidentemente están siendo exitosos en la lucha contra la pobreza. Esto se contrapone con los resultados en la zona rural donde la pobreza aumentó de 46,1% a 46,8%, lo cual significa que hay cerca de 80.000 personas pobres en la zona rural en 2012 que no lo eran en 2011. 

Los anteriores datos son porcentajes de personas que están por debajo de la línea de pobreza. Pero el panorama de pobreza extrema es muy similar: el país en general ha llevado una dinámica no muy positiva y entre  2011 y 2012 se pasó de 10,6% a 10,4% en pobreza extrema. Existen diferencias inmensas entre la zona urbana y la zona rural y mientras para la primera se pasó de 7% a 6,6%, en la zona rural aumentó la pobreza extrema de 22,1% a 22,8%.

Lo anterior evidencia una vez más que si bien en promedio en el país estamos ganando la lucha contra la pobreza, aún tenemos algunos lunares en los que debemos trabajar. En los departamentos se encuentran muchas veces municipios del siglo XXI, con Internet, wifi, y buenos servicios públicos y otros del siglo XVIII,  dónde aún se llega a pie o a caballo. Al parecer las diferencias en la pobreza rural y urbana evidencian dicha afirmación.

Otro aspecto importante para resaltar es que todavía existen grupos vulnerables y algunos hogares con algunas características socioeconómicas tienen porcentajes más altos de pobreza. Por ejemplo, los hogares en los que una mujer es la jefe del hogar, tienen una tasa de pobreza mayor que los que tienen jefe de hogar hombre. Hogares en los que su jefe de hogar no posee ningún tipo de educación tienen una tasa de pobreza de 50%; en los hogares con su jefe de hogar desocupado la tasa de pobreza llega al 62%. Peor aún si no están afiliados al sistema de seguridad social (este último hecho puede ser un indicador de la informalidad). También el tamaño del hogar tiene un impacto importante: si el hogar tiene tres hijos o más, la tasa de pobreza puede ser del 76%.

Los avances que se han tenido han sido importantes, pero hay tareas pendientes. Es clave resaltar que si bien los programas de focalización ayudan a romper trampas de pobreza existentes, realmente la ruptura de la pobreza en una forma irreversible se da en un contexto de crecimiento económico, generación de empleo y formalización laboral. Esto es lo que hay que buscar: el trabajo decente y digno; el apoyo a los medianos y microempresarios; llevar los bienes públicos al campo. Por ejemplo, ¿hace cuanto se perdió la institucionalidad rural? ¿Si un campesino quiere asistencia técnica, o más bien, la necesita, a quién recurre? La respuesta es: a nadie, entre otras cosas porque las UMATAS son prácticamente inexistentes. Por eso hay que llevar mucho más Estado al campo y entre otras cosas desarrollar las dobles calzadas, pero sobre todo, invertir muchos recursos en vías de penetración para los productores de comida de este país.

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