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La libertad (IV): el tricentenario del filósofo Immanuel Kant

En este abril se ajustan tres centurias del nacimiento del filósofo alemán (1724-1804). Uno de los más connotados de cuántos han existido. Kant le dio sentido de epopeya cultural al movimiento intelectual de la Ilustración, estimulando el pensamiento racional con la expresión: atrévete a saber (esto es, atrévete a pensar) la que, además, ha fungido de epitafio, del pensamiento meramente imaginativo. Si en mi columna anterior leemos que, para Spinoza la libertad es una ficción, para Kant su realidad es indudable.

Ella hace parte de la triada de los postulados en el libro ‘Crítica de la razón práctica’, cuyas existencias las reputa como una exigencia de la razón, pero que sólo el de la libertad se puede demostrar.

El filósofo distingue entre lo que llama, ética material y ética formal. Aquella estaría integrada por todas las éticas parciales, que obligan a un comportamiento moral, mediando el cumplimiento de una condición, de tal manera que, si esta no se cumple, el efecto no se consigue; por lo contrario, la ética que él llama formal, es una, no particular, sino universal. A aquella la considera una mala ética y a esta, una buena ética, porque la conducta moral de alguien exige la existencia de la libertad, incondicional, como algo previo a ella. Cuando hacemos juicios morales y elegimos un mal o un bien, lo hacemos porque somos libres de preferir una u otra cosa, y obramos así por un deber moral, sustentado en una razón a priori, al que él llama “imperativo categórico”, que no es particular, sino, universal, que resume en las siguientes dos máximas: obra de tal manera que tu conducta pueda constituirse en ley universal, y actúa respecto de los demás, de tal forma que a estos no los trates como un medio sino como un fin .

Los otros dos postulados. De la presunta inmortalidad del alma deduce la perennidad del cumplimiento de los deberes. Quizá el vocablo “alma” esté utilizado aquí como sinónimo de mente,
facultad razonadora, que compele a cumplir con los deberes morales. Respecto a la exigencia racional de la existencia de Dios, empero no demostrable, Kant propone dos elementos que le son atribuibles al ser humano: la virtud, caracterizada como la búsqueda del bien, y la felicidad, como aspiración universal de la humanidad. Considera que solamente un ser absoluto, Dios, puede colmarlas, quien va a apremiar a aquellos que cumplen con su deber, o castigar a quienes no. Acá debo señalar que en la tradición filosófica, sobre todo, a partir del filósofo Spinoza, Dios es equiparado a la Naturaleza.

Kant razona sobre los postulados del alma y de Dios como lo hemos expuesto, más en definitiva, para él, la existencia de ellos es prescindible; en cambio, es imprescindible, el postulado de la libertad, pues esta es fundamento de la moral, ya que el hombre tiene el deber universal de distinguir y elegir entre el bien y el mal. rodrigolopezbarros@hotmail.com

Rodrigo López Barros

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