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Incertidumbre de la COP28 

Por Luis Elquis Diaz Bohorquez

La conferencia de las partes (COP) no es una novedad para el ciudadano de a pie en cualquier parte del mundo. El (COP) es el grupo de naciones que firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), elaborado ​​en 1992, con un objetivo común: “actuar juntos para estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero “a un nivel que evite interferencias antropogénicas (inducidas por el hombre) peligrosas en el sistema climático”. Desde entonces, las Partes, o naciones, se han reunido casi anualmente.

La COP28 se celebrará oficialmente en Dubái del 30 de noviembre al 12 de diciembre, con la participación de jefes de estado, de gobierno y diplomáticos de casi 200 países, para reanudar las conversaciones sobre el clima de las Naciones Unidas.

En la cumbre del año pasado en Sharm el Sheikh, Egipto, las naciones acordaron establecer un fondo para ayudar a los países pobres y vulnerables a enfrentar los desastres climáticos empeorados por los gases de efecto invernadero que las naciones industrializadas arrojan a la atmósfera. Pero han logrado pocos avances en la reducción de esas emisiones. Una propuesta para eliminar gradualmente los combustibles fósiles se vio obstaculizada por los países que producen y utilizan gas, petróleo y carbón. Egipto, el país anfitrión, hizo acuerdos al margen de la cumbre para vender gas natural a Europa.

Dos hechos se ciernen sobre la conferencia de este año: El hecho de que los Emiratos Árabes Unidos, uno de los mayores productores de petróleo del mundo, sean los anfitriones de la conferencia ha provocado la agitación de muchos activistas, complicando las negociaciones. Las conversaciones también se llevan a cabo en un contexto de conmoción geopolítica que incluye guerras en Medio Oriente y Ucrania, lo que dificulta aún más la cooperación entre naciones.

A los dos hechos anteriores se une el rebrote de los yacimientos petrolíferos estadounidenses. Sólo tres años después del colapso de la producción petrolera estadounidense durante la pandemia, las empresas energéticas están produciendo un récord de 13,2 millones de barriles por día, más que Rusia o Arabia Saudita. El flujo de petróleo ha aumentado aproximadamente 800.000 barriles por día desde principios de 2022, se espera que la industria agregue otros 500.000 barriles por día el próximo año.

Estados Unidos con su producción energética logra garantizar su seguridad energética y conseguir beneficios económicos y de política exterior, pero la recuperación de la producción petrolera estadounidense plantea grandes riesgos. Una mayor oferta y precios más bajos podrían aumentar la demanda de combustibles fósiles en un momento en que los líderes mundiales, reunidos en Dubái, se esfuerzan por alcanzar acuerdos que aceleren la lucha contra el cambio climático. Paradójico dilema que contraviene los objetivos necesarios para evitar los efectos catastróficos del calentamiento global causado principalmente por la quema de combustibles fósiles como petróleo, gas natural y carbón.

La COP28 desarrollará cinco ejes temáticos (balance global sobre el progreso de la acción climática, acelerar la transición energética, poner a las personas en el centro de la acción climática, financiamiento climático y el impacto del comercio global y liderazgo más amplio sobre el cambio climático). No obstante, la producción y demanda de combustibles fósiles y las guerras en medio oriente y ucrania mantienen vigentes los riesgos climáticos y ambientales definidos en 1992 y previenen la política energética y económica de nuestro país, incluso insta a no satanizar el negocio de las empresas PDVSA y ECOPETROL, que inició en 2002 con la implementación el gasoducto binacional Antonio Ricaurte. 

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