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Historia de mi vida

En el camino de la literatura nos encontramos frecuentemente con asombros. Esa es la magia del mundo fascinante de las narraciones, de las historias de vida, de testimonios, del tránsito por el camino del mundo.

Y acabo de enfrentarme a uno de los asombros en la lectura del libro ‘Historia de mi vida’, de don José Trinidad Bayona León. Un hombre que a los ochenta y dos años, una escolaridad casi nula, tercero de primaria, ha escrito unos cuadernos con una letra preciosista, que su hija Nancy tuvo a bien publicar en un libro lleno de ternura.

Lo llamo el libro del asombro o asombroso, tanto por la edad del autor, como por su profundo arraigo al amor por la vida, es la epopeya de la vida del autor que la escribió desde la humildad doblada en el surco de las decenas de cultivos que hizo, hasta la placidez de una ancianidad con la fe intacta.

Las epopeyas no solo necesitan guerras, aunque él las vivió en la violencia política; no necesitan héroes troyanos, pero él lo fue de su de su familia y de su propia vida; no necesitan de defensas de pueblos, pero él amó y respetó cada pedazo de tierra que pisó; no necesitan intervención mítica, pero él tuvo la ayuda y la sabiduría del amor.

Todo esto lo encontramos en la narración agradable y sencilla del libro que comento, y es esa misma sencillez la que nos atrapa en su lectura. Logró por momentos el estro poético en su más sencilla expresión, por ejemplo cuando escribe sus acrósticos, o cuando poetiza: “Abre la ventana al amor / Deja penetrar su claridad / Dile no al pasado y al dolor / Sin negar todo lo bueno que él te dio. “Abre la ventana al amor /Sueña sin temor al qué dirán /Quien dice sueños, sueños son /Se equivocan cuando se hacen realidad.”

Este libro, en el que no abundan las metáforas elaboradas, solo se insinúan en frases primitivas, pero sabias. Este libro, en el plano personal, me acercó al pueblo donde viví hasta los siete años de edad, niñez que me marcó y no la puedo eludir en mis novelas, en mis escritos.

Don Chepe Bayona León fue uno de esos personajes que vino de Norte de Santander a Manaure, se enamoró del pueblo y cultivó su tierra, con valentía, sin temor a la pobreza, hasta cuando su fortaleza física se fue menguando; pero hizo acopio de su fuerza interior, de esa que no deja que venzan los años, y se dedicó a contar su historia.

Recomiendo que lean este libro y sabrán que los años no son obstáculos para hacer arte; sabrán lo que es el amor intenso por la vida, por la patria, por la familia y la fe en que la esperanza nunca nos abandonará.

Mary Daza Orozco

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