Guacoche, un pueblo resiliente

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Guacoche fue reconocido como el primer pueblo afrodescendiente sujeto de reparación colectiva, producto del conflicto armado. EL PILÓN / Archivo.

La resiliencia es un término que empieza a ponerse de moda en Colombia, refiriéndose al posconflicto por el proceso de paz que se adelanta con las Farc, pues según los especialistas esta es la capacidad que tienen las personas de sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas.

En zona rural de Valledupar existe una comunidad que es ejemplo en este tema.Se trata de Guacoche, modelo de superación de toda esa tristeza y dolor que causó el conflicto armado a manos de paramilitares en la región. Hoy las familias no sienten miedo y aunque no olvidan a las personas que fueron asesinadas, ni el vacío que dejaron en la comunidad, si han superado esa zozobra en que vivían.

“Hoy puede llegar un carro o grupo de personas y no nos sorprende. Anteriormente llegaba el Ejército y uno no sabía realmente quien era hasta que le veía los zapatos, ya por lo menos se superó eso y ahora la gente vive más tranquila”, expresó Arodis Castilla, líder de la comunidad.

Aseguró que este proceso se debió a que el Consejo Comunitario de Guacoche era una de las organizaciones que estaba más fuerte y que llevaba adelantado un proceso de titulación colectiva de predios y eso hizo que la Unidad Nacional de Víctimas pusiera los ojos sobre esta población para el proceso de reparación colectiva.

“Comenzamos con el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) a hablar y hacer documentos y relatorías de memoria histórica y eso nos sirvió para que la Unidad tomara a Guacoche como un piloto para el proceso de reparación”, dijo Castilla.

La reparación colectiva en Guacoche es la que más ha avanzado en toda Colombia, por lo que sus habitantes han podido recuperar toda la confianza que le habían perdido al Estado. Los guacocheros creyeron en este proceso y eso los ha llevado a que por lo menos se hubiese firmado y notificado la indemnización de reparación colectiva.

Hoy estas familias viven más aliviadas porque el conflicto paramilitar además de golpear y maltratar, cambió mucho las costumbres y lo que se ha querido es recuperar esas tradiciones. La gente ha buscado la manera de dejar a un lado ese estigma de víctima y en las calles no se escucha hablar de dolor.
“Las personas están conscientes de que eso quedó en el pasado y allá debe quedarse. La gente ha superado también el proceso por el apoyo de los profesionales de la Unidad de Víctimas, que ayudaron a entender que este es un proceso largo pero efectivo. Hoy nos han traído unas esperanzas con proyectos, se están dando las cosas y eso tiene a la comunidad contenta”, acotó Arodis Castilla.

Sobre la resiliencia de Guacoche y en términos generales, la psicóloga María Eugenia Sarmiento explicó que es proceso complejo que requiere acompañamiento psicológico, pues no es fácil olvidar un dolor cuando ha estado persistente en el individuo por muchos años y eso incluye también perdonar.

“Porque cuando la persona no perdona difícilmente puede abrir su corazón a tener otro tipo de emociones positivas, porque siempre va a estar el resentimiento cuando le han quitado la vida a un ser querido”, dijo la especialista.

Además aseguró que la resiliencia influye en el desarrollo humano, porque las personas tienen que enfrentar los problemas que se le presenten, lo cual es más llevadero cuando tienen el apoyo de todas las redes que incumben al individuo y se puede visualizar cuando hay una actitud positiva, cuando saben que aunque vengan problemas va ver una solución, cuando hay proyectos de vida y ayudan a otras personas a superar las experiencias negativas del pasado.

Esto es lo que ha pasado en Guacoche, donde sus habitantes se unieron para salir adelante y superar el dolor. Su organización social es ejemplo a nivel nacional y le ha permitido desarrollar en los últimos años procesos de reconstrucción de tejido social de la mano de organizaciones e instituciones que han visto en esta población la voluntad y el compromiso para cambiar la historia, con alto sentido de solidaridad y apoyo mutuo.

Es así como se logró la protocolización del Plan Integral de Reparación Colectiva, construido por la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, a partir de las propuestas generadas por la población. Las medidas inscritas en el plan fueron: garantías de no repetición, satisfacción, rehabilitación, restitución de derechos territoriales e indemnización.

Entre los compromisos adquiridos por las entidades nacionales y locales están la implementación del programa Generaciones con Bienestar, y la asesoría para la presentación de proyectos de la comunidad con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, subsidio de matrícula y transporte a los jóvenes estudiantes del Sena y la puesta en marcha de programas de salud integral, respetando sus usos y costumbres, los cuales marchan por buen camino, según el líder Arodis Castilla.

“Este proceso ha sido exitoso por el compromiso incalculable de la comunidad por querer superar esa situación y quitarnos el estigma de víctimas y avanzar hacia una verdadera reparación integral y caminar esa ruta hacia la paz”, dijo Aldo Jesús Ibarra Rondón, miembro del consejo comunitario.

Aseguró que el perdón es un símbolo de reconciliación y los guacocheros han tenido la voluntad, gracias al acompañamiento psicosocial de la Unidad de Victimas, de perdonar a sus victimarios y eso lo hacen con la finalidad de evitar nuevos hechos como los sucedidos el 6 de abril de 1997.

“La resiliencia en el ser humano es muy complejo”

El investigador Fernando Herrera Araújo ha hecho un análisis de lo que será el posconflicto en Colombia y explicó que la resiliencia es la posibilidad de tomar su forma original, su historia a pesar de haber sido atacado. Sin embargo en el ser humano es muy complejo, sobre todo en el tema de las víctimas.

“La primera resiliencia que debe tener la persona es el posconflicto íntimo que es el del perdón y la reparación, porque aunque van a haber cicatrices pero eso es lo primero que hay que hacer; perdonar y no olvidar, para vivir más tranquil”, afirmó.

Herrera Araújo explicó que este proceso debe hacerse en varias etapas y la segunda tiene que ver con el tema de recuperación social. Agua potable, educación, salud y bienes públicos, que es la inversión negada por muchos años. “Son los derechos sociales que debe garantizar el Estado, obras que deben ser concertadas y priorizadas con las comunidades.

Otra etapa es la resiliencia económica, que es la incorporación de las comunidades a la economía formal, del campesino o el empresario rural que quedó en medio del conflicto.

“Es el desarrollo de enormes potencialidades y territorios, la reparación es devolverle sus tierras para reintegrarlos nuevamente, haciendo alianzas. A las víctimas en general hay que darles oportunidades económicas que vuelvan a integrarse a una economía legal regional”, acotó el investigador.

Dijo que la resiliencia también es volver a hacer lo que era antes y por eso es complejo, porque el ser humano tiene varias dimensiones, y sufrió en todas ellas el conflicto, por lo que se debe hacer una reparación compleja y multisectorial.

Guacoche fue un pueblo agricultor y ganadero que hoy busca reactivar su economía y recuperar sus costumbres, pero debido a los cambios del clima han hecho que se cambie un poco, pero mantienen sus raíces.

En cuanto a la cultura, uno de los propósitos de la Asociación de Comunidades Negras Los Cardonales de Guacoche, es preservar la tradición de las tinajeras. Las artesanas que con sus manos convierten el barro vasijas para la cocina y que en la actualidad son compradas como recuerdos por turistas que comenzaron a llegar al pueblo después de la época de la violencia.

Sin embargo, esta costumbre ha cambiado un poco y en el pueblo solo queda una sola tinajera artesanal. “Esto incrementaba la economía de los hogares pues las mujeres vendían las tinajas y las que no las hacían las compraban, por eso debemos reactivar esta práctica”, acotó Arodis Castilla.

“Hay personas que logran ser resilientes, otras no”

El Investigador Herrera Araújo dijo que dependiendo como se den las cosas, hay personas mucho más resilientes que otras en una u otra dimensión.

“Obviamente van a quedar con cicatrices, pero se trata de perdonar y el perdón es acostarme tranquilo y pensar que hay un asesino de un ser querido preso o libre. Es la decisión de decir que se fue mi ser querido pero ya yo lo estoy perdonando y voy a recordar sin dolor esas pérdidas.

Hay personas que logran hacerlo, otros que no”, acotó.

Aseguró que las víctimas son las que están más a favor de perdonar y a favor de la paz porque ya han sufrido un episodio que no quieren repetir, ni que le suceda a alguien más.

La comunidad de Guacoche es un ejemplo de resiliencia, pues hoy las familias han superado el dolor que les causó el conflicto armado y han logrado salir adelante, trabajando por mantener sus costumbres.

La organización social de Guacoche es ejemplo a nivel nacional y le ha permitido desarrollar en los últimos años procesos de reconstrucción de tejido social de la mano de organizaciones e instituciones que han visto en esta población la voluntad y el compromiso para cambiar la historia.

Andreina Bandera / EL PILÓN
Andreina.bandera@elpilon.com.co

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