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Gran jornada nacional de protesta

Imelda Daza Cotes

Hay coyunturas políticas, económicas y sociales  que por su complejidad se tornan inmanejables y disparan la protesta ciudadana. Los problemas sin resolver, son múltiples en Colombia, de ahí la jornada de protesta y paros. Apelando al diálogo y al debate para lograr acuerdos, diferentes organizaciones sociales y  de productores y trabajadores del sector agropecuario, han coincidido en la necesidad de plantear al gobierno demandas de todo orden y soluciones efectivas a la crisis que padecen. Pocas veces se había dado esta sintonía y una ola de agitación tan interesante. Lo que ocurra hoy, podría marcar el futuro del país.  

Las convocatorias a participar en la movilización nacional cafetera y agropecuaria o  paro nacional agrario y popular, así como las peticiones de cada participante, varían según los intereses de cada sector. Es lamentable la falta de un pliego unificado que permitiera una acción popular más efectiva y más significativa desde el punto de vista político. La carencia de partidos políticos sólidos, ideológicamente definidos, generan fraccionamiento político y  dificultan la unidad. Sin embargo, esta jornada, alrededor de unas banderas, puede calificarse con un principio de unidad popular.

Los empresarios agropecuarios (cafeteros, arroceros, paperos, algodoneros, paneleros, cacaoteros, etc.) defensores de la producción nacional, rechazan los TLC y se oponen a la subordinación de los nacionales a los intereses de empresarios extranjeros y reclaman el cumplimiento de acuerdos anteriores 

La Coordinación Nacional Agraria-CNA en la que participan campesinos pequeños y medianos, reclama legalización de sus tierras y promueve las zonas de reserva campesina; quieren más presencia del estado en sus regiones con obras de infraestructura y servicios básicos.

La Mesa Nacional de Interlocución y Acuerdos-MIA, recoge exigencias de campesinos medios con una visión del desarrollo agrario contraria al modelo agro-exportador, pide precios de sustentación para los productos agropecuarios e integración a la economía formal. También incluyen las peticiones de pequeños mineros tradicionales desplazados por transnacionales.

Se suman a la protesta otros sectores sociales organizados como los trabajadores de la salud y los transportadores que reclaman por el alto costo de los combustibles.

El gobierno está ante la oportunidad de discutir y acordar reformas que modernicen el campo y mejoren las condiciones de vida de amplias mayorías. No es posible seguir ignorando los problemas agropecuarios. 

Sin reformas no habrá paz y sin movilización no habrá reformas.

 

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