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¿Son felices los colombianos?

Confieso que me gusta ver el programa televisivo de Cable noticias a las 10 p.m., a cargo de Juan Lozano. En las dos precedentes columnas he tenido ocasión de referirme a él, porque me parece ilustrativo de diferentes tópicos de la realidad nacional.

La otra noche invitó a su programa a Simón Gaviria, director del Departamento de Planeación Nacional, que tradicionalmente había sido dirigido por colombianos expertos sobre el particular. Esta vez lo es por el jóven hijo varón del expresidente Cesar Gaviria.

Dicho departamento se ha gastado una millonaria cantidad de dinero de los contribuyentes para preguntarles a los colombianos, mediante la absolución de un cuestionario curioso, sí son felices. ¡Qué tal! A lo mejor sea pertinente que entre las labores de dicha oficina pública se gasten esos dineros para hacer tal averiguación.

Ese Departamento se encarga de planear y programar el destino de los dineros de los contribuyentes nacionales en las obras públicas que requieren todas las regiones del país, con el objeto de satisfacer sus necesidades, que los gobiernos locales no pueden atender por sí mismos. Pero es una inversión que no se lleva a cabo de manera justiciera, porque suele estar interferida por los intereses politiqueros.

De tal manera que averiguar por la felicidad de los colombianos de un país tan desigual y gobernado por castas políticas de cabo a rabo no deja de ser una pregunta risible, hecha sin duda para continuar alimentando la farándula de una clase dirigente encargada de tomarle el pelo a la gente y sobre todo frente a los más desvalidos, que son la inmensa mayoría. Es un acto, por decir lo menos, de cinismo.

El agraciado entrevistado respondía al entrevistador con notorias dificultades explicativas, tales que para éste resultaba difícil sacarlo airoso de las cuestiones planteadas.

Cargos públicos como ese de tanta responsabilidad son entregados a los consabidos delfines, y así es como se ha perpetuado en el país una clase dirigente que dirige por la simple explicación de que descienden de otros dirigentes que a su turno descienden de otros tales. Esa ha sido la mejor escuela de capacitación para ejercer las funciones públicas. Dicho esto en términos generales, pues seguramente hay excepciones, nacionales y locales.

Hay enormes sectores de la población nacional asentados en las periferias de las ciudades y en las periferias rurales, a quienes ni siquiera les llegan las migajas de los bienes y servicios materiales e inmateriales que se desprenden del pan de los opulentos.

¿Qué entendemos con el vocablo: inmateriales? Son los intangibles. En términos generales es la posibilidad de recibir una buena educación y una buena formación que el Estado y subsidiariamente los particulares proveen con destino a la formación de familias bien constituidas, de escuelas, colegios, institutos tecnológicos y universidades en donde se enseñe idóneamente.

De tal manera que la pregunta de Simón Gaviria es incompleta y embarazosa para tantos colombianos desposeídos de la esquiva fortuna. Lo más curioso es que según la mencionada encuesta el 87 % de los colombianos son felices. ¡Qué tal!, nuevamente.

NOTA: si visitas a Pueblo Bello notarás que allí tu mente piensa mejor. Se lo sugerimos a Simón Gaviria.

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Rodrigo_Lopez_Barros.: