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Por favor, no se suicide, viva

Si un día cualquiera, por algún motivo que siempre será injustificado, usted decide suicidarse, dese una última oportunidad y, por favor, no se suicide, no sea pendejo, viva. En este diario no nos gustaría tener que publicar la triste noticia haciendo público el desconcertante hecho que, para mí, no parece humano. Se lo digo así porque, fíjese en esto: los animales no se suicidan y, como nosotros, no tienen ningún derecho a hacerlo y entonces el perro, con su perra vida, sigue siendo perro; el caballo que esquelético tira la carreta, sigue siendo caballo; y estos, según el destino, rebosantes de salud o no, cargando con su buen o mal destino, jamás merodean por la idea de ahorcarse, de beberse un veneno, de cortarse las venas o de meterse un tiro. Concluyo por ello que los animales, en este caso, no son tan animales para llegar a hacer eso.

Si usted compara otras vidas con la suya, la de aquellos que sobrellevando enfermedades, abandono, desplazamientos y decepciones amorosas, como puerta abierta a la autoeliminación y con esto la realización del último viaje, mire bien, piénselo… no se cierre en esa idea y haga de su suicidio un fracaso espectacular: no se cuelgue y mejor cuelgue su hamaca y descanse porque mañana será otro día; no se envenene y mejor tómese un tinto, sirve para meditar y encontrarle explicación a las cosas…y si no, igual, tómeselo porque de todas maneras el tinto es una costumbre sana; no se corte las venas, es un mal chiste de humor negro; y tampoco considere pegarse un tiro, si se arrepiente se ganaría el premio de no haber jugado a la ruleta rusa solo.

Observe que por las calles de la ciudad deambulan y rondan vagabundos, holgazanes, perezosos, bohemios, mendigos, pícaros y golfantes de toda laya y prosapia que en “el oficio”, sacan a este “el beneficio” de dormir en las bancas de los parques y, en el júbilo de un nuevo sol, sea como sea, le ganan a quien esa misma noche no guindó su hamaca, sino que se colgó él.

Nadie que tenga sus cinco sentidos en su puesto, se suicida ni se priva del espectáculo de una vida que siendo como es, pues es la vida, que aprieta, es cierto, pero en otras tiene de Dios y del cielo su regalo. Desde hoy haga mejor parte del Sindicato Mundial Anti Suicida y sin ninguna preocupación de muerte voluntaria, forme amistad con quienes, como usted, estuvieron a punto de hacerlo y en el mutuo ejercicio de haber soltado arrepentidos el nudo de su horca, hágase laborioso en algo, venda minutos, lave y planche ajeno, cante en los buses, cuente chistes, no sé, haga algo y, con sus colegas que tentados por el diablo erraron el tiro, en conjugación de malogrado suicida responsable, organice manifestaciones callejeras por el sí a la vida y rechace públicamente, con elocuentes discursos, cualquier amenaza o intento contra ella. Estoy seguro de que poetas, idealistas, anarquistas y románticos, se unirán a la idea escribiendo consignas en las paredes que así digan: ¡No se contenga, viva! ¡El corazón se hizo para amar y el cerebro para pensar, no para pegarse un tiro! ¡Quién tiene derecho a vivir, tiene el deber de bien morir! ¡Haga del suicidio un arte, cuando piense en él, muérdase la cabeza! ¡Cuando encuentre un árbol digno del que usted quiera colgarse, haga como los perros, meeselo!

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Walter Enrique Pimienta Jiménez: