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Escrito en piedra

“No habrá nuevos impuestos” esculpió en piedra Juan Manuel Santos en 2010. Para la misma época, aludiendo a una frase que atribuyen a Nietzche, y tratando de ambientar lo que después serían los diálogos con las Farc, afirmó que “solo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”. En cuanto a la primera, mi consejo no pedido es que un candidato no debe escribir en piedra lo que no podrá cumplir como gobernante; y esto porque, precisamente, la segunda es totalmente válida, aunque en el caso de las Farc no lo era, pues no habían cambiado las circunstancias de una guerrilla narcoterrorista y lo que se imponía era el imperio de la ley y no la negociación claudicante.
Si el presidente había decidido sacar de su bolsillo la llave de la paz para abrir una puerta por la que entraron las Farc, con sus armas y su violencia como respaldo de sus exigencias extorsivas, pues también debió pensar en el costo de esas exigencias, que ahora llaman ‘posconflicto’, y que no es otra cosa que la enorme y centenaria deuda del Estado con el campo y con una gran reforma que garantice el ejercicio honorable de la política, el derecho a la justicia debida y la utilización pulcra de los dineros públicos.
Semejante deuda solo se puede saldar con recursos que hoy no existen y que, por tanto, deben salir de una combinación entre: primero, reducciones en funcionamiento, sobre las cuales se anticipa un compromiso del 10%; segundo, mayor eficiencia en la Inversión, en lo que no hay mayores compromisos y, más bien, una tendencia a la atomización de las Regalías, de la ‘mermelada’ de los cupos indicativos y del billón de pesos del Pacto Agrario; y tercero, pues más impuestos, ya que no se venderán activos y los ingresos petroleros están menguados por cuenta del terrorismo de las FARC.
Tocará borrar en la piedra porque se necesitarán más impuestos. El tema es cómo, cuánto y a quién. Según los especialistas, se impone una reforma tributaria estructural –el actual Estatuto es una colcha con remiendos desde ¡1989!–, pero el Gobierno, después de sus inventos de 2012 –CREE, IMAN, IMAS- se compromete apenas con una solución tapahuecos: La ley de Financiamiento, un eufemismo para una reforma inmediatista que tape el hueco de 12,5 billones del presupuesto de 2015, y una Reforma Tributaria de corto aliento, que tape los huecos hasta 2018.
En las dos el Gobierno no se meterá con el IVA ni con los ‘sagrados’ dividendos, sino con la prórroga del impuesto al patrimonio y del 4 x mil, con el que los colombianos rescatamos al sector financiero que hoy muestra utilidades billonarias; con el que se han tapado huecos desde hace quince años, incluidos los del sector agropecuario en 2014, para neutralizar las protestas que amenazaban la reelección.
El 4 x mil es facilismo tributario. Gravar el patrimonio es castigar el ahorro en bienes que, para las personas naturales, no generan ingreso en la mayoría de los casos. No gravar los dividendos es privar a la sociedad del aporte de quienes tienen grandes y ociosos excedentes que les generan lucrativas rentas.
¿Cómo le cumplirá Santos a las FARC? ¿Cuánto valen los compromisos ya publicados? ¿Cuánto el desarrollo rural? ¿Cuánto las vías terciarias? ¿Cuánto la sustitución de cultivos? Para el posconflicto se anuncia una ‘cuota inicial’ de 7 billones para víctimas y 5 para el sector rural. Un chiste frente a los compromisos, no con las Farc sino con el país. Lo dicho. Es mejor no escribir en piedra.

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