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Es hora de redefinir los conceptos ideológicos

Desde las más primitivas organizaciones de gobierno hasta las más sofisticadas, siempre ha estado presente la relación gobernante-vasallo: gobiernos bíblicos, faraones, emperadores, reyes, presidentes y otras ineficaces formas de mandato, todos han tenido la misma mirada. La democratización ha sido muy lenta si consideramos que el homo sapiens lleva unos 60 mil años ya en forma estandarizada; igual suerte ha sufrido la solución. Del mega milenario imperio egipcio solo quedaron muestras para los arqueólogos, de la poderosa y avasallante Roma, el legado es de ruinas, más nos dejó Grecia con sus pensadores; la avanzada Alemania perdió su liderazgo científico y económico por esas prácticas; Colombia de después 200 años de vida “republicana” sigue siendo un país paria, pese a sus ingentes recursos. Ha sido un sistema fallido ya por su contenido como por la naturaleza humana.

Hace 228 años, mediante la revolución francesa, algunos lograron repensar otras formas de gobernar pero siempre con la misma mirada, el dominio de unos sobre otros. Claro, un poco antes, Carlos Marx y Federico Engels cayeron en cuenta que el mundo económico y social podría tratarse de otra manera. Para entonces, los conceptos de derecha y de izquierda no eran relevantes y solo a partir de Luis XIV en Francia comenzaron a cuñarse estos conceptos: la derecha para defender el statu quo y la izquierda para modificarlo.

Hoy estos constructos se volvieron ideológicos; la derecha privilegia el orden sobre la libertad, la acumulación de riquezas sobre la distribución, la emanación divina sobre la razón, el individuo sobre la sociedad, los privilegios sobre la equidad, lo privado sobre lo público, el dogma sobre la dialéctica, el egoísmo sobre el altruismo. Por eso, hoy solo ocho personas son dueñas de más del 50 % de la renta mundial. Hace un siglo, apenas ayer, con la revolución bolchevique, trataron de redefinir estos conceptos ubicando a la sociedad en el epicentro de las soluciones, tratando de ensayar un mejor modelo de eficacia para gobernar. Difícil tarea; a Rusia y demás repúblicas anexas que fueron la URSS, les tocaba enfrentarse a todo el mundo, curtido en mañas y procedimientos; el pánico cundió, los intereses económicos eran enormes y el miedo de ver fracasar un modelo, que a una minoría le había dado enormes privilegios, hicieron que este ensayo no conocido por la humanidad, fuera sitiado desde la periferia. Hay que reconocer que quiénes lo impulsaban eran humanos con sus flaquezas, sujetos de claudicación de principios y de ansias personales de poder. Ahí fue Troya.

Hoy el concepto de derecha ha sido sacralizado y el de izquierda satanizado sabiendo que su presencia en el arte de gobernar fue efímero. La derecha ha gobernado desde el Paraíso Terrenal, si esto se pudiera aceptar como histórico, y pese al largo aprendizaje y práctica, ha fracasado, la humanidad gime. Aterrizando en Colombia, la analogía es perfecta. Bogotá desde 1900 a la fecha ha tenido 90 alcaldes, desde Ricardo Morales Tovar hasta Enrique Peñalosa, 117 años; solo tres de ellos pensaban diferente: Diego Montaña Cuéllar y Jorge E. Gaitán en 1935, ambos en un mismo año, y Gustavo Petro entre 2012-2015. Ni Lucho Garzón ni Samuel Moreno fueron de izquierda. El primero, un sindicalista y estos siempre han sido amorfos; su rol, discutir pliegos salariales; el segundo, un conservador laureanista infiltrado en el Polo porque la élite bogotana no le habría permitido ascender políticamente dentro del conservatismo, hijo de Samuel Moreno, un laureanista clase A (suena a chulavita,) nieto del general Rojas Pinilla.

Entonces, ¿por qué los amanuenses de los medios dicen que la izquierda fracasó en Bogotá? Son 751 los alcaldes que ha tenido la ciudad en 200 años, desde José Miguel Pey, acumulando problemas y perversión. Qué forma tan descarada de evadir responsabilidades. Las ideologías y las religiones anidan fundamentalismos; de ahí surgieron las cruzadas, todas las guerras, los falsos positivos y los genocidios.

Por eso, ahora lo que debemos hacer es reunirnos todos, por encima de todo credo, buscando lo fundamental para unirnos, en defensa de lo ambiental, de la dignidad, de la transparencia y del altruismo.

Por Luis Napoleón de Armas P.
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