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Emdupar, feliz Navidad

Por Luis Augusto González Pimienta

Ingenuamente creí terminar este 2013 sin referirme a Emdupar. Una semana más y lo hubiera logrado. Pero la realidad es más obstinada que el deseo y no hubo contención posible.

Siete años atrás había escrito sobre lo difícil que era cancelar la cuenta de cobro de Emdupar. Conté las vicisitudes para lograrlo, pues, a pesar de que se anunciaba en la factura una serie de entidades bancarias donde podría pagar, en ninguna pude hacerlo por falta de convenio entre las partes. No sobra recordar que tuve que someterme a unas filas insufribles en cada una de esas entidades.

Hoy el asunto cambió. En algunos bancos, supermercados y aún por internet se puede cancelar la factura. El problema es otro y más engorroso: la cuenta no llega ni físicamente ni por correo electrónico. Esto viene ocurriendo desde el mes de septiembre de este año.

En vista de que no llega el comprobante de recaudo y para impedir la suspensión del servicio, llevo cuatro meses buscando en la propia empresa el papelito que una máquina entrega, a la entrada del edificio, en donde consta el valor que debo cancelar y especialmente el número de cupón que exige el banco para pagos en la sucursal virtual. Es un proceso expedito, sí, el problema es que hay que ir todos los meses a buscarlo.

Por internet he pedido a la empresa que me manden la factura como venían haciéndolo desde siempre y les doy la opción de enviarla a mi correo electrónico, si de ahorrar papel se trata. La respuesta automática es: “Su solicitud ha sido procesada exitosamente asignándole el número xxxxx y se ha enviado una notificación a su correo electrónico”.

De inmediato abro el correo y encuentro: “Estimado XX. Reciba un cordial saludo en nombre de Emdupar S.A. E.S.P. y nuestro agradecimiento por la confianza que ha depositado en nosotros para resolver sus inquietudes. Nos permitimos informarle que su queja, reclamo o petición ha sido radicado bajo el número: xxxxx al cual se le dará respuesta en un término máximo de (15) quince días hábiles.”

Ese término se ha vencido en demasía, y a pesar de haber insistido en la solicitud no ha habido ninguna respuesta. La mía, en cambio, es desearles una feliz Navidad a todos los empleados de Emdupar y rogarle al Todopoderoso que los ilumine para que en el 2014 sean más eficientes en la prestación del servicio y en la distribución de la cuenta de cobro.

P.S. A todos los lectores una feliz Navidad y un venturoso año nuevo, y los invito a visitar el Museo del Acordeón en la Casa de Beto Murgas, sitio novedoso y auténtico al servicio de la historia folclórica vallenata.

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