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El vallenato quiere vallenato

Definitivamente el folclor vallenato mueve masas. Despierta sentimientos y emociones que van desde al amor al odio. Hace triunfar a unos y perder a otros.

Puede ser punto de encuentro o distanciamiento, de acuerdo o polémica. Así ha pasado a través de su historia, una historia que se escribe desde los compositores, acordeoneros, guacharaqueros, cajeros, cantantes y demás músicos, hasta los expertos, críticos y fanaticada.

Las últimas noticias del mundo vallenato demuestran que el vallenato es apasionado. El hecho de que un cantante cambie a su acordeonero por otro, que el otro consiga nuevo compañero –caso Silvestre Dangond/Rolando Ochoa- y se tejan alrededor múltiples hipótesis de su separación y se llegue al análisis de que el acordeonero ha perdido importancia y su puesto lo ha suplido el cantante, que finalmente es el dueño de la agrupación, es muestra de que algo cambió entre los exponentes del folclor vallenato.

En una entrevista a EL PILÓN, lo recordó Miguel López, acordeonero de la dinastía López, cuando dice que “antes mandaba el acordeonero”, aunque comparte la apreciación, al igual que otros acordeoneros, que “es necesario que exista un equilibrio y que los dos brillen del mismo modo. Algo como lo que lograron Rafael Orozco y el ‘Pollo’”.

Todo lo anterior para ratificar que lo mínimo que ocurra en este folclor generará reacciones. Por ello es importante que sus exponentes analicen la responsabilidad que tienen entre sus manos, que de pronto, obnubilados por la fama y el poder, no se dan cuenta que se deben a un público que lo único que quiere es verlos hacer lo que les gusta: música vallenata.

El vallenato (hablando de todos los que habitan en la gran Provincia de Padilla) quiere vallenato. Señores acordeoneros y cantantes: no se duerman en los laureles porque el costo de sus discordias y posiciones absurdas desde su visión de artistas, puede ser alto. Muchos de sus seguidores no quieren saber de sus diferencias, solo de su talento. No le den cabida a que deserten y se vayan con otros estilos musicales que cada día ganan más terrenos en la capital mundial del vallenato. Si quieren confirmar esto, visiten un fin de semana el barrio La Nevada, solo por poner un ejemplo, y constaten lo que escuchan en los equipos de sonido y pick-up que suenan a todo volumen, y no es precisamente música vallenata. Ojalá todos estos insumos ayuden al vallenato a encontrarse, a sosegarse y a volver por sus fueros.

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