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El Síndrome de Peter Pan o el miedo a crecer

Por Dario Arregocés

Junto al matoneo, constituye el tema del cual se está ocupando la ciencia en la actualidad. El nombre de este síndrome, es informal y no hace parte de la literatura médica, se inspira en el joven pelirrojo de la aventura creada por el dramaturgo inglés Matthew Barrie, difundida por todo el planeta por Walt Disney, para referirse a aquellas personas caracterizadas por su inmadurez y falta de resolución, lleno de temores al momento de enfrentar los retos que la vida le impone.

Según el psiquiatra Marcos Díaz, especialista en adolescentes, el síndrome de PeterPan, es propio de las personas  que les cuesta madurar, o que muestran un retraso en lo que se podría esperar para su edad. El rasgo característico más acentuado, es el miedo de abandonar la adolescencia y pasar a la adultez.  

Este síndrome es más frecuente de lo que parece, y lo padecen 6 de cada 10 hombres, por lo que podríamos decir que estamos lejos de considerarlo un fenómeno social aislado.

Las relaciones amorosas que entablan estas personas,  en un 50%  fracasan, pues estos individuos no logran desligarse del seno familiar, es decir sufren de “mamitis” o “papitis”.

La causa más frecuente reside en  madres sobreprotectoras que creen estar haciendo el bien y terminan labrando una insana relación de dependencia madre-hijo. 

Lo ideal es que desde niño los padres enseñen a sus hijos  a ser autónomos, e independientes, procurándoles las herramientas que el permitan valerse por sí mismos, entendiendo que hay que prepararlos para  que enfrenten el duro camino de la vida.

En no pocas ocasiones, en mi ejercicio profesional, observo que algunos “señores” que están siendo citados, generalmente por reclamaciones de alimentos para sus hijos, se sienten más seguros  sí hacen acompañar  de sus progenitoras, hecho que refleja a las claras la presencia de este fenómeno.

Es frecuente observar, hijos que estudian carreras profesionales, y se niegan a “abandonar el nido”entendiendo por tal el hogar paterno, por un inconfesado miedo a enfrentar la aventura de la vida, y labrarse su propio destino, y cuando finalmente logran “independizarse” no encuentran un mejor sitio para mudarse con su pareja, que edificar unas piezas en el patio de la casa de sus padres. 

Desde el punto de vista jurídico, la obligación alimentaria no va más allá del momento en que estos individuos se hacen profesionales, o procrean, pero el insano paternalismo, la hace extensiva indefinidamente.

 

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