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El Parque de la Leyenda: ¿Y ahora quién podrá defendernos?

El fallo del Consejo de Estado nos dejó a todos estupefactos. Estoy convencido que, incluso, a Evelio Daza Daza, quien interpuso la famosa demanda que, en mala hora, nos ha puesto en esta disyuntiva.

Evelio, digo en mala hora porque intentar desconocer el aporte de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, no al folclore sino a Valledupar, es tratar de tapar el sol con las manos.

Los menores de 35 años no tienen ni idea de lo que sufrió Consuelo Araujo Noguera, con sus adláteres, para sacar adelante el Festival, mendigando de oficina gubernamental en oficina privada. La Fundación le dio estabilidad al Festival y el Parque le dio realce.

En este momento tengo que dejar claro que jamás he militado en política con la familia Molina Araujo o con la Araujo Castro. No les debo un solo favor en política. Y creo que, deben reconocerlo, el peor daño que le hicieron a la Fundación fueron las aspiraciones políticas de Consuelo y de Hernando Molina Araujo. Ahora los enemigos políticos de la familia ligan lo uno con lo otro. Intentar perjudicar a la Fundación por atravesársele en sus aspiraciones políticas a la familia es perverso y mezquino.

Hoy se celebra un “Diálogo de Ciudad” organizado por la revista Enfoque Vallenato y su respetado director, Dickson Quiroz Torres. No puedo estar allá por mis obligaciones en Bogotá, pero espero que este artículo aporte algo para la discusión.

Creo que lo único que debe discutirse es qué hacer con el Parque. ¿Qué debe hacer la Alcaldía de Valledupar? ¿Cómo garantizar la continuidad del Festival?

Más allá de las suspicacias acerca de la rentabilidad del Festival para los miembros de la Fundación debe valorarse todo el empeño y el esfuerzo que han puesto, desde Consuelo (Q.E.P.D.) hasta el portero o el jefe de prensa actual. Alguien se atrevió a decir que la Fundación debería no solo devolver el Parque sino, también, pagar por el usufructo de el mismo. ¿Cuánto le debemos nosotros, Valledupar entero, a los miembros de la Fundación, por esa, nuestra magna fiesta?

El Festival Vallenato es la única temporada alta, de verdad, de nuestra ciudad. Esa mini temporada alta-son solo 5 o 6 días-le representa el 20% de los ingresos anuales a los hoteles y residencias de la ciudad. Y no tengo las cifras, pero me atrevería a decir que es muy parecida para restaurantes, estancos, discotecas, artesanías, empresas de artes gráficas y cómo olvidar a los artistas, no reconocidos a nivel nacional que hacen parte de nuestro pequeño olimpo vallenato local.

El Festival Vallenato es de la ciudad. Dickson, eso no está en discusión. ¿Debe la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata seguir haciéndolo? A esta altura de la vida, he aprendido que si algo está funcionando bien para qué voy a improvisar, buscándole una pata más al gato. Los gatos tienen cuatro patas. PUNTO.

Si alguien se atreve a reclamarle a la Fundación algo más allá de devolver el Parque, soy el primero en defender todo el trabajo de Consuelo y de sus herederos para que el Festival Vallenato sea lo que es hoy.

Lo que hay que hacer es tasar un uso del Parque de aquí en adelante y que la Fundación lo pague, sin ponerse a regatear tanto para que se vea la voluntad de contribuir a la solución de la problemática creada por esa malhadada demanda. La Fundación debe ser más reciproca con la ciudad y con sus gentes. Y hay otras cosas que podría hacer.

Por Nicola Stornelli García-Twitter @puertodigital

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