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El cementerio de Villanueva

El padre Guarecú, ‘El Guare’, que en guajiro significa amigo, era un cura dinámico, buen amigo y benefactor que después de un largo trajinar por La Guajira, llegó a Villanueva en reemplazo del padre José de Sueca, español, que reemplazó al realista padre Daza; los curas eran exclusivos de la gente de la Plaza Mayor, donde vivía la realeza villanuevera y ¿saben qué hizo el Guare? se fue a vivir al Cafetal, un barrio de gente humilde y se le rebelaron los copetones, pero a él eso no le importó y como si nada acabó con una cantidad de prebendas a los de la “sociedad” y mandó a reemplazar las bancas de la iglesia para que todo mundo se sentara libremente y los dueños de las de antes ya no podían parar a los que osaran sentarse en las de su propiedad; fundó un colegio que ahí está dando lustre a la población y en el cementerio donde ya no cabía un solo muerto más, destruyó cientos de bóvedas y los restos de sus propietarios los trasladó a los osarios que hizo, mil en la capilla que también construyó y que hasta hace unos 3 meses estaba en un deplorable estado: sin techo, sucia, paredes destruidas y el cristo mutilado y suplicando que lo atendieran.

El resto del cementerio, ni hablar, en muy mal estado, también sucio, enmontado y en un estado de abandono lamentable.

Hablé con quien funge, sin serlo oficialmente como administrador, celador y sepulturero a quien todos conocen como ‘El Paye’, quien fue mi mano derecha en el proyecto que realicé en el cementerio con el concurso de algunos villanueveros: arreglar la capilla, limpiar el cementerio, pintar ambos y muchas cosas más y manos a la obra: hice una lista de 20 villanueveros y descendientes, los llamé, les expliqué de que se trataba y fue así como Jorge Juan Bendeck Olivella, Ramiro Dávila Dangond, Alfredo Villazón y su señora Marina Maya Martínez, Hugues Rodríguez Martínez, Jaime Daza Almendrales, Enrique y ‘El Chijo’ Orozco Martínez, José Félix Lafaurie, Jaime Orozco Orozco, Jorge Luis Oñate Martínez, ‘El Monito’ Dangond Castro, ‘Monche’ Dávila, Álvaro Caicedo Martínez, María Paulina Lafaurie, ‘El Chivirico’ (papá), José Calixto Quintero, Fermín Ovalle, Camilo Lacouture, Álvaro Isaza, ‘Nacho’ Lacouture y mis hermanos Augusto, Dina y Rafael Aponte se metieron la mano al dril y pude con la decidida colaboración de ‘El Paye’, dejar la “Capilla del Padre Guare”, que así le puse para rendirle un homenaje a este ilustre sacerdote en buenas condiciones, con un cristo remodelado, el techo arreglado, pintada por dentro y por fuera y su entorno limpio, al igual que el cementerio de donde se sacaron muchas toneladas de basura, se echó machete cortando la maleza, se empañetaron muchos metros de la tapia de cerramiento y se pintó, al igual que todo el frente en donde se sembraron árboles para que den frutos y sombras y muchas matas ornamentales para su embellecimiento.

Estoy satisfecho, pero eso quedó inconcluso y no pude hacer más, como cambiar el piso del pabellón central y adornarlo con materas, pero eso cuesta un billetico y no será que Emiliano y ‘Poncho’, Israel Romero, Jorge Celedón, Jean Carlos Centeno y mi pariente Egidio Cuadrado, que ganan y tienen buen billete, se le miden ayudándome para que en un futuro puedan ir a visitar a sus seres queridos y en vez de salir tristes, salgan contentos de ver al cementerio de su pueblo que dan ganas de ir.

Le hago un llamado clamoroso a los villanueveros para que traten de arreglar las bóvedas que tienen en muy malas condiciones y desde aquí les sugiero fijar una fecha, liderada por el señor alcalde ‘Beto’ Barros, que tanto está haciendo por el pueblo, y a su párroco, para que en forma masiva acudamos un día o dos si es necesario a limpiar totalmente nuestro cementerio y a los vecinos cuidar lo que se hace, pues observo que hay una llantería que en vez de limpiar y conservar ensucian y destruyen y otros que en forma absurda y criminal destruyen los árboles y matas que se siembran, como sucedió con tres bellas palmas que alguien envenenó y las secó.

Eso es inadmisible y con seguridad los que lo hicieron están arrepentidos de ello y ojalá las autoridades investigaran y castigaran a los arboricidas.

Por José Manuel Aponte Martínez

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