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Croniquilla. El fraude del Registro de Padilla

Ginebra y brandy de las bodegas de un buque holandés que estaba anclado en el puerto, fue lo servido por Juanito Iguarán en su casona de Riohacha a los miembros de la Asamblea Electoral de la Provincia de Padilla, aquél 2 de febrero de 1904. Un guiso de tortuga, tres violines, dos guitarras y un pianoforte ejecutaron los valses y polkas de moda que divirtieron a los compromisarios presentes vestidos de liquiliqui de lino blanco para esa ocasión en que iban a votar por los candidatos a la presidencia de Colombia.

Ese honor era diputado por dos exgenerales de las guerras pasadas que militaban en el conservatismo: el boyacense Rafael Reyes y el bolivarense Joaquín Vélez. El primero era un empresario del caucho amazónico, que después comandó las tropas gobiernistas derrotando la rebelión liberal en la Guerra del 95, en la batalla de Enciso. El segundo era afamado por haber gestionado como embajador de Colombia en Roma, el Concordato con la Santa Sede. También había prometido hacer un juicio de responsabilidades en el Congreso al presidente Marroquín por su indolencia ante la pérdida de Panamá, y con quien venía enemistado por haber destituido como empleado de la embajada en Roma a Lorenzo Marroquín, hijo de este presidente, porque en sus manos se esfumó una cuantiosa donación que dos damas bogotanas destinaron a la curia romana. De otra parte el país recordaba que este Joaquín Vélez había hecho meter a la cárcel a una pareja encopetada cuando le insinuaron traer contrabando usando la valija diplomática.

Ese era el talante de los dos candidatos azules, ya que los “cachiporros” liberales (mote usado para ellos desde la época de Mosquera) no presentaron candidatos por falta de garantías del gobierno Marroquín, muy dado al destierro y a la pena de muerte.

Hecha estas explicaciones, decíamos que se elegía Presidente para el periodo 1904 – 1910. Según la Constitución cada distrito electoral elegía un compromisario por cada mil habitantes, quienes a su vez formaban la asamblea electoral local, y éstas entonces eran las que elegían al Presidente de Colombia. Por eso esa asamblea electoral de la Provincia de Padilla en la Intendencia de La Guajira, se había reunido en casa de Juanito Iguarán en Riohacha, cacique absoluto que mandaba en los contratos oficiales, en los empleados gubernamentales, en la aduana del puerto, en las salinas, en las rancherías de los indios, y según decían sus opositores, también mandaba en los eclipses, en el desove de las tortugas y en el vuelo de las gaviotas.

Como todos los compromisarios eran godos, en la casa de Juanito Iguarán firmaron en blanco el Registro Electoral, para que su anfitrión de ese día lo llenara según las instrucciones que se esperaban de Marroquín.

Días después en un sepelio en Barranquilla, unos amigos “reyistas” le preguntaron a Juanito el resultado electoral en la Intendencia, a lo que éste dijo tenerlo firmado en blanco. Entonces el marqués de Mier, Diego de Castro y el gobernador de Bolívar, Francisco Insignares, lo asediaron en el Hotel Colombia hasta convencerlo de llenar el Registro a favor de Reyes, sólo que se les pasó la mano pues la Provincia de Padilla debía tener 22 electores y no 45. Así Reyes sumaba en el país 994 votos contra 982 de Vélez. Cuando estalló el escándalo, el Consejo Electoral desde Bogotá envió a Riohacha una comisión presidida por Felipe Angulo, pero frente al hotel donde posaba hubo disparos y gritos intimidatorios por la noche, y al día siguiente tal comisión investigadora, llena de pánico, regresó sin decidir nada. El presidente del Congreso Electoral entonces declaró la elección a favor de Reyes, pese a los 23 electores de más que puso Juanito Iguarán.

Reyes gobernó con dura oposición, disolvió el Congreso y convocó a una Asamblea Constituyente de bolsillo. Un día llegó a Santa Marta en “viaje de visita”, pero en la noche a bordo del buque Manastí, abandonó el país dejando a los samarios con los crespos hechos en un club con un banquete de bienvenida. Cuando lo supo Juanito Iguarán, ya enemistado con Reyes, se le escapó decir con ironía: “Hoy me bañaré en aguas de rosas”.

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Rodolfo Ortega Montero: