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Centro, derecha e izquierda, el juego de póker apenas comienza

El juego de póker no lo gana quien tenga las mejores cartas ni lo pierde quien tenga las peores. Lo gana quien sepa jugarlas. Todo dependerá del “momento” en que se jueguen las cartas, “con quién” esté jugando y de las “cartas y juego” del contrario.

En la política, en las elecciones y en la vida pasa igual. No por malas cartas vas a perder la partida ni por buenas vas a ganarla.

El juego electoral del 2022 está arrancando, con ventajas para unos y desventajas para otros y dificultades para todos. Alcanzar la Presidencia no será fácil para ningún candidato aunque las vertientes políticas están medianamente claras. Más claras para la derecha con  una carta que juega fuerte, la de Uribe, que aglutina, convoca, disciplina, maneja bien el Twitter y por ahí se conecta con las emociones del electorado. De esa corriente ideológica saldrá un candidato con el apoyo de varias fuerzas políticas. Su gran reto será que le crean que el  candidato es de centro.

La izquierda carece de lo que tiene la derecha. Un líder carismático que una, que junte a diversas fuerzas de ese espectro político. La izquierda se parece al dicho de pobre -y perdonen lo de pobre- peleando  herencia. Se matan entre ellos. Tienen igual reto que el candidato de la derecha: ponerse el vestido de centro y que le crean.

El centro hoy día  tiene una sintonía y un problema. Está  sintonizado con la opinión pública, la gente está buscando esa opción  porque está agotada del vilipendio, de los extremos y de la política tipo Trump: excluyente, tribal y pendenciera. El problema es que la ciudadanía crea que el centro sí existe y que construya mensajes no sólo argumentativos sino con alta  carga emocional. Y es ahí, en el campo de las emociones y el sentimiento y bajo el principio que el cerebro político es un cerebro emocional, donde el centro tiene un problema. Los extremos transmiten de mejor manera las emociones como el miedo, el odio, la ira, la nostalgia y el resentimiento. El centro puede quedarse a medio camino, tildado de tibio. Su reto es construir contenidos y mensajes que se transmitan por el circuito de las emociones, de los “sentires”.

La guerra de hoy día no es con armas nucleares. La guerra se trasladó a las emociones, la información, la desinfomación, los bulos y las noticias falsas. Y ese escenario no es afín al centro sino más  bien a los extremos;  y en los extremos el sentimiento y la información, que fluye en cascada, que no da respiro para la reflexión,  son de contradicción, señalamiento e improperio, es decir, lo contrario al centro. Las emociones se han adueñado del mundo virtual y colectivo y ahí  la razón  y la verdad pueden ser esquivas y es,  en ese escenario,  y  con sus  cartas  que tiene que incursionar el centro si quiere ganar las elecciones del 2022.

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Enrique Herrera Araujo: