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Carta a mi amigo José Antonio Maya

Quien practica el bien vivirá amarrado a la felicidad.Las cosas llegan como mandadas por Dios. ¡Así es! La vida encierra tantos caminos difíciles que la misma naturaleza nos ayuda a andar descalzos. Así es. Pero nos ayuda a avanzar sobre todo si nuestras intenciones son guiadas por el bien, por eso no olvides en acomodarte con esta virtud y seguir siendo de ella un buen amigo como hasta ahora lo has hecho.

La sensibilidad social del hombre se manifiesta, en primera instancia, por el afecto familiar y luego se transmite silenciosamente a otros campos, y muchos más, y en esta forma nos vamos dando cuenta de lo que sentimos y podemos hacer por los demás, y de paso estamos colaborando con un mundo sin notar que muchas actividades de la vida humana que realizas hacen que esta sea, para alguno o algunos, más placentera, quise decir  ¡menos difícil!

 ¡Así es! Sé que una vez tuviste la oportunidad de tomar la mano de la sabiduría nunca te desesperaste con ella, por eso nunca te ha soltado y te ha premiado y te sigue premiando con la generosidad, que es el capital sagrado de los hombres nobles, la cual te quita la preocupación de adelantar a nadie y esto te hace feliz.

Cuando se es generoso, hasta la suerte se vuelve compañera, piensa uno, pero es la voluntad de Dios la que opera ceñida a nuestras intenciones como un milagro ineludible.

A ti las cosas te han llegado mandadas por Dios, por la naturaleza de tus actos; a mí me han llegado, parte de ellas, a través de tu amistad y familiaridad, y de muchos amigos cómo tú, sin dejar de colarse también Dios entre todos.

¡Las cosas llegan como mandadas por Dios! Pero también si hemos puesto algo de nuestra parte. ¡Gracias! Por tu gesto para conmigo y la cultura de esta región; sigue practicando los nuevos mandamientos del hombre común, entre ellos, la generosidad, el afecto y la alianza permanente con la naturaleza y la cultura y recuerda que en el hombre generoso la bondad supera todo tipo de pasiones.

Los recursos que aportaste para la edición de mi primer libro, con sus pocas ventas, hasta ahora han servido para seguir regando beneficios a los más necesitados, entre ellos la Casa del Abuelo, al Museo de la Acordeón, dirigida por otro generoso, el gran Beto Murgas, y elementos didácticos para los colegios más pobres de Valledupar.

He estado pesimista con las ventas, pero uno de mis hijos al verme un poco deprimido por ello me dijo en tono de aliento: “No te preocupes viejo. ¡García Márquez con su primer libro solo vendió setenta y tú ya llevas doscientos!”.

No aguanté la risa, pero me imprimió tanto ánimo que acabo de terminar otro libro de historias regionales en género de novela: ‘En las redes de la dignidad’,así se llama, y sé que este también servirá para continuar en la misión emprendida: ayudar a los más necesitados.

¡Mil gracias!

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Fausto Cotes: