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Calzones abajo

No es secreto cuando escuchamos a cualquier funcionario, en cualquier tema dando respuestas evasivas, por la simple razón que nadie estaba preparado para este momento pandémico, que nos cogió sin pan y sin vino. En cada ciudad las personas escuchan a sus mandatarios en lo mismo,  nacionalmente la alocución presidencial que los humoristas (En este país hay bastante) comparan con una telenovela, incluso amenazan con castigar a alguien con escucharla verla si no cumplen tal tarea.

Como nadie estaba preparado, los abuelos decían: “nos cogieron con los calzones abajo”. Cualquier cosa que eso signifique sin preguntar que estaban haciendo. El periodista Edilberto Castillo tiene una teoría sobre cuando realmente los calzones  están abajo, es interesante escucharlo. Recientemente el abogado e investigador Rodolfo Ortega Montero, en su crónica, “Cuando cayó la flor lis”, recuerda…  “hombres armados, soldados de la guardia nacional y voluntarios llamados sans culottes (sin calzones) que vestían pantalones largos de rayas y carmañolas que eran una especie de chaquetas sueltas, en alusión sarcástica a culotte (calzones cortos) porque sólo los nobles y ricos usaban…”

Hablar a “calzón quitao”: Decir la verdad, sin eufemismos, como quien se desnuda (quitarse los calzones) ante otra persona, esperando la misma actitud de ella. Así definen el refrán. Ni para que recordar el canto vallenato de Juancho Polo Valencia, “Pantaloncitos calientes”, suben la temperatura, lo que le gusta a la gente, la pura sinverguenzura. Luego vino la palabra short del inglés y todo nos quedó corto, como a ciertos mandatarios les queda grande el cargo, y  cortos los pantalones.

El tema de salud es lamentable y preocupante, es el gran negocio donde pocos se enriquecen y muchos mueren.  Hasta la muerte es negocio.  Lo que ayer era cajón luego caja, después caja mortuoria, hoy es cofre. Mañana puede ser cenicero, pero seguro encontrarán una palabra más bonita: Ash, puede ser. Las palabras tienen poder.

Con el tema educativo la cosa es peor, cientos de colegios y miles de estudiantes no tienen suficientes baterías sanitarias, menos tienen herramientas digitales modernas. Y lo peor, en su gran mayoría los maestros en asomo de pensión, son analfabetas digitales. No fue su generación y punto, adaptarse no es fácil, loro viejo no da la pata, repetían los abuelos. Algunos de ellos están pendientes más en la hipoteca inversa que en cursillos digitales educativos.

¿Cuándo volver al colegio?, es la pregunta del millón. Es tanta la documentación requerida por el gobierno a los colegios, que los privados, prefieren cancelar el año escolar, a reunir imposibles protocolos de bioseguridad, y ni que pensar de los auditores del cumplimiento en cada caso, en un país lleno de “coimeros” por todo. Si no, pregunten a los estancos a la hora del cierre donde están las motos policiales, y porqué nunca cierran estancos. El truco y la trampa son tan antiguos que es sinónimo de legalidad, la frase del presidente Turbay sigue, “en sus justas proporciones”, sigue intacta.  El papeleo continúa muy a pesar de las leyes anti trámites expedidas a diario. El cambio debe ser de las personas, cambiar el régimen decía Gómez Hurtado cuyo libro ‘Álvaro’, de la autoría de Juan Esteban Constaín, acabo de leer y recomiendo, indistintamente a ideologías.

P.D. Llegar al quinto piso, desespera el sexto. Junio 17 Día Internacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Bolsillos desiertos, gargantas secas. Nos parecemos, pero toca celebrar.

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