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Blindaje a los poderosos

Blindarán a los armados pletóricos de un prontuario de terror, a los del monopolio de la industria del secuestro, a los de la extracción de la minería ilegal, a los portaestandartes del multimillonario negocio del narcotráfico, a los reclutadores de niños y niñas indefensas.

Triunfó la amenaza, el chantaje de no continuar matando a los colombianos; el Estado sucumbe y pierde la guerra en la mesa de negociación cuando la ganaba y sometía en el otro escenario: el 90 % del territorio colombiano.

Colombia pierde en la negociación ante la ausencia de concesiones de singular importancia de la contraparte; pero principalmente por el deterioro del Estado de Derecho ocasionado por las desbordantes prerrogativas y las abismales concesiones privilegiadas y otorgadas como zonas autónomas campesinas, curules en el Congreso, tribunal de transición designados por ellos mismos, Constitución, leyes, decretos del corte y a la medida y semejanza de sus delitos al estilo Pablo Escobar, quien exigió reforma constitucional de prohibición de la extradición y la construcción de su propia cárcel club.

Todavía merece meditar con mayor ahínco la negociación para sumarle la creación de un “banco de los ángeles” o una “financiera de la paz”, conformado por el patrimonio impoluto de los nuevos líderes populares, los dueños de las curules otorgadas por imposición blindada constitucional.

Me temo que sería un excelente precedente jurisprudencial para que en virtud del derecho a la igualdad, otros mercaderes de la muerte, exigiesen igual y tan relevante, como decoroso tratamiento jurídico.

Hay demasiados delincuentes en Colombia para que permanezcan en tan pocas cárceles. Lo expedito, lo que resultaría más pragmático, sería darle como barrotes las fronteras del país como prisión. El gobierno en su atinada concepción de estadista les dotará como cárcel el Congreso de la República.

Los parlamentarios actuales tan avezados en sus labores, tan curtidos en la expedición de las leyes, tan cultos en la no repetición de la historia, se aprestan dispuestos en manada a cambio de lentejas y migajas del presupuesto nacional, a firmar a pupitrazos su propia condena; ya los vislumbro declarando ante la nueva justicia de cómo ejecutaron sus malabares de contratos enmermelados para reelegirse con el presupuesto nacional.

Ya los columbro en la picota pública enjuiciados por los nuevos adalides de la moral pública, amantes de la paz, perseguidos por los beneficiarios de sus propios decretos blindados, como aquellos congresistas que aprobaron la entrega de los paramilitares sin leer la ley y terminaron condenados bajo esa su propio engendró.

En el entretanto, nueve millones de colombianos sumidos en la pobreza que no merecen la atención del Estado y siempre allí, sin cambiar de situación, sin variar de pigmentación, sufriendo del desempleo y padeciendo mil y unas necesidades. Contradictoriamente, los nuevos favorecidos del estado, los privilegiados electos congresistas a dedo de La Habana, expertos en cambiar de pigmentación para saltar de opresores armados con el oprobioso secuestro, al escalón de líderes salvadores de la República. Tan cambiantes; un día se disfrazan de campesinos para instalar cobardemente minas quiebra patas, en contra de los soldados y humildes campesinos. El otro día, atacan a los terratenientes para develarse luego en la prensa como propietarios de más de un millón de hectáreas en los Llanos.

Atacan durante décadas la institucionalidad y bombardean el Estado de Derecho bajo el pretexto de una casta política excluyente y privilegiada y en el entretanto, amanecen en Asamblea Constituyente dictando reformas constitucionales, auto concediéndose privilegios blindados desde La Habana.

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