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Algunas reflexiones: de Trump a Biden

Buena parte de la comunidad internacional, el mundo político y hasta los mercados económicos y financieros, pasaron más de un susto con el proceso electoral en Estados Unidos, después del 4 de noviembre, luego del cual Donald Trump, del Partido Republicano, tendrá que entregarle el poder, así sea de mala gana, a Joe Biden, del Partido Demócrata, nuevo presidente de la poderosa unión.

Para ilustración de los lectores, hay que advertir varias cosas antes de seguir con estos comentarios. En primer lugar, recordar que Estados Unidos es una confederación de 52 estados. En segundo término, los fundadores de la confederación establecieron en la Constitución Política, una de las más liberales y legendarias del mundo, un sistema electoral que es secundario y posterior al voto directo.

En efecto, los electores en los diferentes Estados de la Unión tienen derecho al voto directo por el candidato presidencial de su preferencia, pero los resultados de cada Estado no se suman, sino que el ganador se lleva todo el número de votos electorales, de un total de 538. Es decir, gana quien gane en más Estados, a través de delegados de colegios electorales, que son equivalentes al número de congresistas de cada Estado, que depende, a su vez, de la población. El que saque la mitad más uno, es decir un mínimo de 270 votos, es el nuevo presidente.

Esta vez los resultados fueron los siguientes: de un voto directo superior a los 74 millones de votos por Joe Biden, el candidato Demócrata, y su fórmula, Kámala Harris, abogada de origen africano y asiático, logró 306 votos en los colegios. Por su parte, el presidente en ejercicio, el republicano Donald Trump, logró un poco más de 70 millones de votos, lo que le representó 238 votos electorales. A pesar de la polarización y los “pataleos” de Trump, lo cierto es que Biden le sacó cerca de cinco millones de votos de ventaja, sumando los resultados en toda la unión (lo que solo sirve como ejercicio aritmético).

Más allá de la llamada polarización, en EE.UU., que no es un fenómeno nuevo, según varios autores y expertos, entre ellos Barack Obama, en su nuevo libro: ‘Una tierra prometida’, uno de los problemas es que no tienen un sistema electoral, por lo tanto no está integrado, y cada Estado tiene sus propias normas y sistemas. La demora en saber el ganador, esta vez, más que en otras ocasiones, se convirtió en una verdadera película de suspenso, aderezada, además, por las malas maneras y las groserías y patanerías de Trump, cuya campaña no ha logrado mostrar ninguna prueba de fraude.
Trump sigue siendo un “outsider”, es decir, un extraño en la actividad política. Alguien del mundo especulativo en el negocio inmobiliario, con una aparición en programas de televisión y, además, con varias investigaciones por evasión de impuestos, acoso sexual y otras conductas.
Trump representa no solo a la extrema derecha de Estados Unidos, sino también a un importante sector de la clase media que se siente afectado por la migración, y también por los costos fiscales de un sistema más inclusivo, que ha sido construido por los últimos gobiernos de orientación demócrata: Bill Clinton y Barak Obama.

En el sector rural y en los Estados más conservadores, donde predomina el Partido Republicano, ganó Trump, y en algunos por una diferencia bien importante, lo que le permitió lograr más de 70 millones de votos, cantidad bien importante. Es decir, la diferencia de Biden fue apenas superior al 3 por ciento.

La pregunta, al final de todo este cuento, es qué puede esperar el mundo de Biden y su fórmula Kámala Harris, a diferencia de lo que podría ser el escenario de un segundo gobierno de Trump y de Pence.

Mucho, en mi modesta opinión. Un gobierno con políticas que respeten el multilateralismo, que tanto ha sido defendido por los Estados Unidos desde la segunda guerra mundial; una lucha más frontal contra el covid-19, y un nuevo apoyo a instituciones como la Organización Mundial de la Salud y todas las que integran el sistema de la ONU. Trump dejará para la historia un legado lleno de mentiras y patanerías, en un país que, para bien o para mal, sigue siendo la primera potencia del mundo y en cuya órbita geopolítica estamos. Con mucha expectativa se espera la posesión de Biden, para tranquilidad de un planeta de por si convulsionado por esta pandemia de mil demonios.

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Carlos Alberto Maestre: