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Adalides folclóricos, aún falta más

Observamos con agrado, como gradualmente se enaltece en Valledupar a través de efigies u otros tipos de figuras a nuestros músicos más emblemáticos, adalides que con su talento han hecho posible que Colombia y el exterior pongan los ojos en el Valle del Cesar.

En la glorieta Los Juglares, a orillas del rey del Valle, como es conocido el río Guatapurí, cerca al parque de El Helado, el alcalde Tuto Uhia aprovechando la reunión de alcaldes de ciudades capitales, develó la imagen de Diomedes Díaz sentado, este monumento inmediatamente desató cualquier tipo de comentarios en las redes sociales, si el busto allí sentado se parece o no a ‘El Cacique’.

Lo importante de este hecho es que se está haciendo justicia con nuestros artistas, al dárseles el sitial de héroes folclóricos que se merecen, ellos son los verdaderos responsables de nuestro desarrollo al divulgar la cultura vallenata a través de crónicas, música que seduce y encanta altamente a propios y extraños.

El monumento denominado los tres grandes, Zuleta, Oñate, Diomedes, que un día lució en el Coliseo Julio Monsalvo Castilla y después lanzado al ostracismo a un muladar por el gobernador anterior, fue rescatado, hoy se puede admirar en la glorieta Los Juglares, de esta imagen dijo Jorge Oñate, hizo falta Rafael Orozco.

Rafa Orozco y aún falta más alcalde Tuto Uhia, Gobernador Franco Ovalle, a pesar que allí en la glorieta están representados Emiliano Zuleta Baquero, Lorenzo Morales y Rafael Escalona.

¿Por qué el aeropuerto de Valledupar no se puede llamar Rafael Escalona?, siendo este el mejor relacionista que tuvo la región a través de sus canciones, ¿qué paso con la ruta y el museo Escalona?, ¿será que todo quedará como la casa en el aire?

Los turistas se van decepcionados de Valledupar y la región al no encontrar suficientes alegorías a nuestros músicos, Patillal es el corregimiento más atractivo del Valle por las lindas melodías que lo han dado conocer en Colombia, los visitantes regresan desconcertados al encontrar un pueblo solo, sin la alegría que hablan sus canciones y sin un guía que los oriente, quizás no vuelvan.

Igual ocurre con la plaza Alfonso López, el sitio más emblemático del Valle, se encuentra triste, abandonada, la tarima testigo mudo de los titánicos duelos musicales con los más icónicos acordeoneros, está cayéndose a pedazos y mal oliente, al ser convertida en sanitario, después del Festival Vallenato no se vuelve a ver allí un evento de envergadura, mal mensaje al turista.

Gustavo Gutiérrez, a pesar de sentir satisfacción por ganarse el cariño de la gente con sus canciones, jamás imaginó la ingratitud de los políticos, lo mismo podía decir Leandro Díaz, “Soy el sentimiento de la tierra mía”, pero su obra no la tienen en cuenta.

Recuerde Alcalde, el símbolo de nuestro sentir musical es el acordeón, en Valledupar debería haber un monumento al padre del vallenato moderno Luis E Martínez, del carismático Alejo Durán, el integral Calixto Ochoa, el cajero Rodolfo Castilla y el guacharaquero Virgilio Barrera.

Por Celso Guerra Gutiérrez

 

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