Acotaciones humanas y  literarias de Mary Daza

Jose Atuesta Mary Daza.

La escritora Mary Daza Orozco tiene de impronta la convergencia de tres trilogías. La primera: sus padres José Francisco Daza y Beatriz Orozco Dangond, de Villanueva; recién casados se fueron a vivir a Manaure (Cesar) y allí nació ella, pero fue bautizada en Villanueva, en donde realizó sus estudios de primaria. Esos dos lugares, y Valledupar, donde ha permanecido gran parte de su vida, conforman la trilogía de los pueblos que ella quiere y la quieren, como hija ilustre, por excelencia profesional y literaria.

La segunda trilogía: su misión maternal en sus tres hijos, edén de su alma, de su vida y sus afectos: Clarisa, Silvana y Ciro José. La tercera trilogía, su vida profesional: pedagoga, periodista y escritora. Es maestra, graduada de la Normal Superior de Santa Marta, y periodista de la Universidad de América, Bogotá. Su extensa obra literaria se inicia con sus crónicas publicadas en El Espectador. En 1986  es  ganadora del Primer concurso de cuentos del Cesar, y en 1991 publica su primera novela, ‘¡Los muertos no se cuentan así!’, premiada en el concurso de Plaza y Janés. Con la novela, ‘Por los que lloran’, completa  20 libros publicados.

Mary Daza Orozco es una coleccionista de recuerdos, incansable viajera en búsqueda de sucesos, de lugares, de imágenes, de maestros y de libros que nutren su imaginación.  En esos viajes extensos por los libros ha visto el color de las lágrimas en el poeta César Vallejo, cuando caminaba bajo la lluvia para esconder su tristeza. Ha visto a Penélope tejer y destejer los hilos del tiempo para vencer la soledad y la larga espera del regreso de su esposo, Ulises, rey de Ítaca. Ha visto en la casa de Franz Kafka, la cuna de ‘La Metamorfosis’ donde Gregorio Samsa despertó convertido en un insecto. Y además, ha visto tantos otros sucesos reales e imaginarios, que son la esencia de su extensa obra literaria. 

En su juventud fue cautivada por la honda reflexión del poeta Rainer María Rilke: “Si puedes vivir sin escribir, no escribas”; y desde entonces no puede vivir sin leer para escribir. De sus recientes lecturas, celebra haber encontrado el extraordinario libro ‘El infinito en un junco’ de la española Irene Vallejo, quien confiesa: “Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La lectura es una gimnasia para la democracia, ya que nos acostumbra a ponernos en la piel de otras personas. La escritura salva la memoria, y viceversa. Hay que celebrar la labor de quienes luchan por mantener viva la cultura literaria”. 

 En esta misión de mantener viva la cultura literaria, Mary Daza Orozco presenta su reciente obra ‘Por los que lloran’, una novela breve, en donde reafirma su estilo narrativo con atmósfera poética, al tratar temas comunes a la naturaleza humana: El amor, la soledad, la honestidad, la violencia, la corrupción, la amistad y la solidaridad. La puerta de ingreso a la novela es una imagen que atrapa al lector: el cuadro La Perseverancia de la memoria, del maestro Salvador Dalí. La obra es una visión subjetiva de la temporalidad y sus implicaciones. Es también un homenaje al tiempo interior del inconsciente, que tiene su propia forma de contarse y que huye de la racionalidad convencional. 

El personaje central de la novela es Maite, escritora y pintora muralista, coleccionista de réplicas de pinturas famosas que hacen parte de su compañía en la Casa de Piedras a orillas del mar; pero siempre detiene su mirada en La Perseverancia de la memoria, la obra de los relojes del tiempo; quizá  ella recordaba el poema de Jorge Luis Borges: 

“Somos el tiempo.

Su intangible curso 

llorado de amor

Ceniza del deleite, 

insidiosa esperanza interminable,

Somos la secreta labor 

de los relojes en la sombra,

Un incesante espejo 

que se mira en otro espejo…”.

Para Maite, La Perseverancia de la memoria son relojes de la soledad, de la honradez, de los silencios, de la imaginación, del olvido y del recuerdo; además, de ‘La voz azul’ de aquel profesor de historia de Artes, Pablo Romeo, que hizo historia en sus oídos y su corazón.  En la soledad de su taller de pintura o en su sala de escritura escucha con frecuencia a Vanny Vabiola, cantante de Indonesia (1986) y su canción preferida es My  Way.  

A los amantes de la literatura que van a leer  las 105 páginas de esta bella novela les dejo abierta una ventana de la Casa de Piedras; ahí está Angélica, la psicóloga en sus terapias contra la soledad y el olvido, y en voz alta lee un poema escrito por Maite:  

“Aprendí de ti a alcanzar el cielo 

y a besar la tierra.

Aprendí que tu alma 

podía encender mi alma.

Aprendí que solo fueron 

instantes que se desprendieron…”.

Cuando  Angélica termina de leer, mira  a Maite que se  acerca a la ventana, toma el último trago de vino y brinda por los que lloran. Lanza la copa y al caer contra una roca los pedazos de vidrios dispersan los rayos de sol y se origina el arcoíris. 

Para finalizar, retomo estas palabras del premio Nobel (2010), Mario Vargas Llosa: “La literatura es un registro exacto de la vida humana, de la sociedad y del sistema social.  La función de la literatura no es solo procurar placer, entretenimiento, fascinación, a los lectores; sino también formar buenos ciudadanos para una sociedad democrática; es decir, dotar a los lectores de un espíritu crítico”.

Por: José Atuesta Mindiola.

Categories: Opinión
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